Yes:- Aurora - “Ariadne”


 
            

           

Yes: Aurora y Ariadne , escuchar sin mirar atrás

Hoy vuelvo de nuevo a Aurora, el último disco de Yes, y mientras lo escucho pienso que quizá haya algo que ocurre con esta banda que no sucede con muchas otras.

Cada vez que Yes publica un nuevo álbum aparece inevitablemente el mismo debate. Que si estos ya no son los Yes de antes, que si sin Jon Anderson el grupo no puede alcanzar el nivel de aquellos discos que forman parte de la historia del rock progresivo, que si la formación actual tiene poco que ver con la que grabó nuestros álbumes favoritos.

Es un debate que conozco bien. Llevo escuchando Yes desde hace muchísimos años y, por supuesto, también tengo mis discos, mis épocas y mis recuerdos asociados al grupo.

Pero, sinceramente, cada vez me interesa menos entrar en esa discusión.

Prefiero escuchar el disco.

Y eso es precisamente lo que he hecho con Aurora.

No voy a decir que sea un nuevo Close to the Edge. Tampoco tiene sentido pedirle a una banda que repita una música que pertenece a otra época. Han pasado demasiadas cosas y, sobre todo, han pasado demasiados años.

Lo que sí puedo decir es que hay momentos en Aurora que me apetece escuchar.

Y uno de ellos es “Ariadne”.

El Yes de 2026

Hay una idea que me parece importante cuando hablamos de esta formación de Yes: una banda es la suma de sus partes.

Por eso Aurora no me suena simplemente a un álbum en solitario de Steve Howe. Tampoco suena como Asia, Arc of Life o Glass Hammer, aunque inevitablemente encontremos conexiones con las trayectorias de algunos de sus músicos.

Y tampoco se parece demasiado al Yes anterior a 2012.

Quizá ahí esté precisamente lo interesante.

Estamos ante una formación que, después de varios años trabajando junta, está empezando a construir su propia personalidad. Suena al Yes de 2026.

No es una simple imitación del Yes de los setenta u ochenta, ni tampoco una especie de mezcla calculada entre aquel sonido y el actual. Es una banda de rock progresivo que está desarrollando sus propias estructuras, incorporando elementos de diferentes géneros y utilizando la historia de Yes como parte de su identidad, pero sin quedar completamente atrapada por ella.

Naturalmente, hay ecos del pasado.

Howe sigue siendo Howe, y sería imposible que no reconocieramos algunos de sus rasgos. Las líneas de bajo de Billy Sherwood pueden recordar en determinados momentos a Chris Squire, mientras que la batería de Jay Schellen contiene inevitablemente ecos de Alan White. Y aparecen aquí y allá detalles que nos recuerdan a Yes.

Pero una influencia no tiene por qué convertirse en una imitación.

Y creo que Aurora funciona mejor cuando lo escuchamos desde esa perspectiva.

“Ariadne”

“Ariadne” es una de mis canciones favoritas del álbum.

Y quizá lo sea precisamente porque es una pieza peculiar, llena de contrastes y con una estructura que se aleja bastante de lo que podríamos esperar de una canción convencional de Yes.

El punto de partida está en la mitología griega: Teseo adentrándose en el laberinto y Ariadna ayudándole a encontrar la salida. Jon Davison ha explicado que la composición comenzó siendo una pieza mucho más extensa, que posteriormente fue condensándose hasta llegar a la forma que encontramos en el álbum.

Y aquí está una de las cosas que más me gustan: una pequeña obra épica comprimida en poco más de seis minutos.

La canción va pasando por diferentes ideas musicales y cada una tiene una personalidad instrumental bastante definida.

La parte relacionada directamente con el mito de Ariadna está dominada por la orquesta y la voz, con la guitarra eléctrica de Howe aportando otra dimensión. La introducción, vinculada a Geoff Downes, combina orquesta, teclados y batería. En otros momentos la instrumentación se reduce al bajo, guitarra y batería, creando un contraste muy marcado.

Y después aparece esa especie de secuencia del laberinto, con Billy Sherwood asumiendo la voz y un breve pasaje de guitarra acústica.

Todo esto ocurre con bastante rapidez.

La canción va y viene entre estas diferentes ideas sin que la estructura resulte completamente previsible. Hay momentos orquestales, otros más cercanos al rock progresivo tradicional y otros en los que la música parece detenerse para cambiar de escenario.

Es una pieza extraña.

Y precisamente por eso me gusta.

Una pequeña película musical

Desde el comienzo, “Ariadne” tiene algo cinematográfico. La presencia de la orquesta hace que la canción parezca desarrollarse en un espacio mucho mayor que el de una composición de rock convencional.

Pero no es solamente una cuestión de sonido.

La propia estructura parece seguir el relato: entrada en el laberinto, diferentes caminos, cambios de ambiente, momentos de tensión y finalmente la sensación de haber encontrado una salida.

No sé hasta qué punto es posible contar todo eso conscientemente al escucharla, pero sí percibo que la música tiene una dimensión narrativa muy marcada.

Y quizá ahí se encuentre una de las mejores virtudes de Aurora: cuando Yes deja de intentar demostrar que sigue siendo el Yes que algunos recuerdan y simplemente se dedica a construir una canción, aparecen ideas interesantes.

Alejarse del pasado sin olvidarlo

Con Aurora, la evolución de esta formación parece alejarla poco a poco del sonido tradicional de Yes.

Y no necesariamente creo que eso sea algo que haya que corregir.

Después de tantos años, quizá lo más lógico sea que una formación estable encuentre su propio sonido. Que los músicos dejen de preguntarse constantemente cómo habría sonado esta canción en 1972 y empiecen a preguntarse cómo quieren que suene ahora.

Eso no significa renunciar a la historia.

El legado está ahí y sería absurdo intentar ocultarlo. Está en Howe, en determinados patrones de bajo de Sherwood, en la forma de tocar de Schellen y en muchos pequeños detalles que cualquier aficionado a Yes reconocerá inmediatamente.

Pero también hay algo diferente.

Y esa diferencia es precisamente lo que puede convertir a esta formación en una banda con personalidad propia y no simplemente en una recreación del pasado.

Naturalmente, habrá quien prefiera una aproximación más consciente al sonido clásico de Yes. Es comprensible. Ese sonido forma parte de algunos de los discos que amamos y de una época irrepetible del rock progresivo.

Pero Aurora parece plantear otra posibilidad: ¿qué ocurre si dejamos que Yes siga evolucionando?

No sé hasta dónde llegará este camino.

Pero me interesa escucharlo.

Volver a escuchar

Quizá por eso hoy he vuelto a poner Aurora.

No para decidir si este es el verdadero Yes.

No para establecer dónde colocar este disco dentro de una supuesta clasificación de su discografía.

Simplemente para escucharlo otra vez.

Y cuando llega “Ariadne”, con esa entrada orquestal, sus cambios de instrumentación, sus diferentes ambientes y esa historia mitológica convertida en una pequeña pieza progresiva, vuelvo a encontrar motivos para prestarle atención.

Aurora no pondrá fin al eterno debate sobre si merece la pena escuchar al nuevo Yes. Cada uno puede escuchar lo que quiera y quedarse con la etapa de la banda que más le interese.

Yo prefiero otra cosa: escuchar el disco sin convertirlo continuamente en una comparación entre el antes y el después.

No es un disco perfecto.

Pero hay momentos que sí merecen la pena.

Y para mí, “Ariadne” es uno de ellos.

Quizá porque no intenta devolvernos al Yes de ayer.

Simplemente nos muestra cómo puede sonar Yes hoy.  

Podéis ver  aquí el anterior post sobre Aurora de Yes.

   

   

                                     


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