Thomas Bergersen – Humanity: Chapter VI: el lado oscuro de la humanidad
Thomas Bergersen es uno de esos compositores capaces de convertir una melodía en una experiencia cinematográfica Su música puede pasar de la intimidad de un piano a una orquesta monumental, del silencio a un estallido coral, siempre buscando esa frontera entre emoción y espectacularidad que caracteriza buena parte de su obra.
Humanity: Chapter VI es la sexta entrega de la serie Humanity y explora, como señala el propio Bergersen, el lado más oscuro de la humanidad. No es un disco concebido de una vez: al compositor le llevó varios años terminarlo y pasó por diferentes versiones hasta quedar finalmente completado en enero de 2026. Esa larga gestación parece haber dejado huella en un álbum que combina algunos de sus rasgos más reconocibles con una clara voluntad de experimentar.
Para esta nueva entrega contó con varios cantantes búlgaros, entre ellos Kimera Morrell y Ekaterina Shelehova, además del virtuoso guitarrista Claudio Pietronik, la Capellen Orchestra and Choir y la orquesta búlgara Four For Music.
Una orquesta más oscura
La enorme orquesta y el coro son la piedra angular del disco, construyendo un universo sonoro considerablemente más oscuro que el de los capítulos anteriores. Bergersen vuelve a utilizar esas grandes masas orquestales que forman parte de su identidad, pero ahora aparecen al servicio de una música más sombría, dramática y, en determinados momentos, inquietante.
Hay piezas que incluso parecen mirar hacia atrás, hacia los años de Two Steps From Hell. “Hope”, “Empire of Evil” y “For the Fallen” recuperan ese lenguaje épico, grandioso y cinematográfico que muchos asociamos con el compositor.
Pero Humanity VI también muestra otra cara. “Creator of Worlds” y “Maluk” exploran una escritura más madura y artística, fruto de la evolución de Bergersen durante los últimos años. Ya no se trata únicamente de construir momentos espectaculares, sino de trabajar con mayor libertad las texturas, las voces, los contrastes y el desarrollo de las composiciones.
El propio compositor reconoce que equilibrar lo complejo con lo accesible continúa siendo el mayor desafío de su música, aunque también es uno de los aspectos que más disfruta. Esa búsqueda está muy presente aquí: melodías que pueden entrar rápidamente en el oído conviven con estructuras y arreglos mucho más elaborados.
Hope: comenzar desde la luz
Resulta significativo que un álbum dedicado al lado oscuro de la humanidad comience precisamente con “Hope”.
La pieza crece progresivamente desde la orquesta y el coro hasta alcanzar una dimensión monumental. Es el Bergersen más reconocible, pero también una declaración de intenciones: incluso cuando el álbum se adentra en la destrucción, la violencia o la muerte, la esperanza permanece como referencia.
Después llega “Destruction of the Earth”, mucho más inquietante, con una dimensión casi apocalíptica. “Empire of Evil” continúa explorando ese territorio, jugando con la grandeza y la amenaza, mientras que “Maluk” introduce una dimensión vocal y coral especialmente poderosa.
Burn It Down: Bergersen se quema las reglas
Uno de los grandes experimentos del álbum es “Burn It Down” (Quémalo). Aquí Bergersen se aleja completamente de lo que algunos oyentes podrían esperar de él. La pieza comienza de una manera reconocible, construyendo tensión mediante capas orquestales, percusión y un crescendo progresivo.
Pero cuando aparece la voz, todo cambia.
Bergersen rapea y canta sobre un gigantesco arreglo de metal sinfónico, convirtiendo la composición en algo mucho más agresivo, irreverente y teatral. El momento situado alrededor de los tres minutos resulta especialmente sorprendente: es como si la música épica que conocemos se transformara de repente en un personaje desatado.
Es una pieza magnífica precisamente porque Bergersen no tiene miedo a romper sus propias reglas. Sin embargo, también entiendo que pueda dividir a los oyentes. Estamos ante su faceta más experimental y algunos disfrutarán de ese carácter rebelde y provocador, mientras que otros pueden sentir que la voz termina eclipsando una introducción instrumental realmente brillante.
En cualquier caso, es difícil escuchar Burn It Down y pensar que Bergersen simplemente está repitiendo una fórmula.
Humanity: Chapter VI termina convirtiéndose así en uno de los capítulos más sombríos de la serie, pero también en uno de los más interesantes desde el punto de vista de la evolución de Bergersen.
Hay ecos de Two Steps From Hell, grandes orquestas, coros y épica cinematográfica, pero también metal, rap, influencias de Bach, experimentación y una escritura más madura.
Quizá esa sea la verdadera esencia de este sexto capítulo: Bergersen sigue siendo reconocible, pero ya no parece conformarse con ser simplemente el Bergersen que conocemos.
La humanidad que retrata tampoco es sencilla. Está hecha de poder y destrucción, de violencia y belleza, de muerte y esperanza. Y después de atravesar todas esas sombras, queda una palabra con la que comenzó el viaje: “Hope”.
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