Genesis – Foxtrot: entre la inmensidad del cosmos y la nostalgia de los reinos perdidos
Cuando Genesis publicó Foxtrot en 1972, el grupo británico estaba viviendo uno de esos momentos en los que todo parecía encajar. Peter Gabriel, Tony Banks, Phil Collins, Steve Hackett y Mike Rutherford habían encontrado una personalidad propia y comenzaban a llevar su música hacia territorios cada vez más imaginativos.
Foxtrot suele quedar inevitablemente asociado a la monumental «Supper's Ready», pero volver hoy al álbum permite descubrir que su grandeza empieza mucho antes. De hecho, sus dos primeras canciones, «Watcher of the Skies» y «Time Table», ofrecen un comienzo extraordinario y, escuchadas juntas, parecen establecer las coordenadas de todo lo que vendrá después.
Una mira hacia el infinito. La otra hacia el pasado. Una contempla la Tierra desde fuera; la otra reflexiona sobre aquello que el tiempo va dejando atrás.
Y ese contraste resulta fascinante.
«Watcher of the Skies»: mirando la Tierra desde las estrellas
Hay comienzos de discos que reconoces inmediatamente, pero pocos tienen la capacidad de crear un paisaje entero antes de que realmente haya comenzado la canción.
Eso ocurre con «Watcher of the Skies».
El Mellotron de Tony Banks aparece lentamente, creando una atmósfera oscura, solemne, casi irreal. Durante esos primeros instantes parece que Genesis no está preparando una canción, sino abriendo una puerta hacia otro lugar. Después entran el bajo, la batería y el resto de los instrumentos, y aquella introducción termina transformándose en uno de los grandes momentos del rock progresivo de los primeros años setenta.
La idea que hay detrás de la canción contribuye todavía más a esa sensación. Un observador situado fuera de nuestro planeta contempla la Tierra y se encuentra ante una civilización que parece haber perdido aquello que la hacía reconocible. Peter Gabriel convierte esa imagen en una especie de relato de ciencia ficción, mientras la música le proporciona una dimensión mucho más grande.
Lo extraordinario es que Genesis no necesita precipitarse. La canción va creciendo poco a poco, dejando espacio para que cada instrumento encuentre su lugar.
El Mellotron de Tony Banks domina buena parte del paisaje sonoro, pero también resulta fundamental el trabajo de Steve Hackett, que por entonces llevaba relativamente poco tiempo formando parte de la banda. Sus guitarras no buscan convertirse en protagonistas, sino integrarse en ese sonido extraño y majestuoso que Genesis estaba construyendo.
Y después está Phil Collins, todavía lejos de la imagen que tendría años más tarde como estrella mundial, pero ya demostrando junto a Mike Rutherford una solidez rítmica fundamental para que toda aquella arquitectura pudiera mantenerse en pie.
«Watcher of the Skies» tiene algo que siempre me ha fascinado de Genesis: puede ser grandiosa sin resultar excesiva. Hay fuerza, pero también espacio. Hay oscuridad, pero también belleza.
Y cuando termina, el viaje cambia completamente de dirección.
«Time Table»: cuando el tiempo entra en escena
Después de viajar hasta las estrellas, Genesis vuelve de repente a la Tierra.
«Time Table» es mucho más sencilla, más reposada y mucho más cercana. El contraste con «Watcher of the Skies» no podía ser mayor, y precisamente ahí está parte de su encanto.
Si la primera canción observa nuestro planeta desde la distancia, «Time Table» parece detenerse en aquello que dejamos atrás mientras avanzamos.
La composición de Tony Banks tiene un carácter especialmente melódico. No necesita grandes desarrollos ni una estructura monumental para resultar convincente. Todo está mucho más contenido, y las guitarras de Steve Hackett y Mike Rutherford contribuyen a crear una atmósfera delicada que permite que la canción respire.
La letra introduce esa mirada hacia el pasado, hacia los lugares y las épocas que alguna vez fueron importantes y que terminan desapareciendo mientras el tiempo continúa avanzando. Hay nostalgia, pero no una nostalgia exagerada. Más bien una especie de reflexión tranquila sobre lo inevitable del cambio.
Y escuchándola después de «Watcher of the Skies», el contraste funciona especialmente bien.
Primero estamos fuera de la Tierra contemplando nuestra civilización desde la distancia.
Después estamos dentro de ella, mirando hacia atrás.
Es como si Genesis hubiera pasado de la inmensidad del universo a la memoria de una persona en apenas unos minutos.
Dos canciones, dos miradas
Por eso creo que merece la pena volver a estas dos primeras canciones de Foxtrot sin dejar que «Supper's Ready» ocupe todo el espacio que normalmente se concede al álbum.
«Watcher of the Skies» y «Time Table» muestran dos facetas diferentes de Genesis, pero también dos de las características que hicieron tan especial a aquella formación.
La capacidad para construir grandes paisajes sonoros y, al mismo tiempo, detenerse en una canción aparentemente sencilla.
La imaginación y la emoción.
Lo fantástico y lo cotidiano.
El cosmos y la memoria.
Foxtrot todavía tenía mucho que ofrecer después de estas dos canciones y acabaría desembocando en «Supper's Ready», pero para mí su comienzo ya contiene una pequeña declaración de intenciones.
Primero, Genesis levanta la mirada hacia las estrellas.
Después, la dirige hacia nuestro propio pasado.
Y entre esos dos lugares —el infinito que nos rodea y el tiempo que dejamos atrás— comienza uno de los capítulos más fascinantes de la historia de Genesis.

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