Yes - Aurora - "Countermovement"

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Hace unas semanas nos hicimos eco del lanzamiento de Aurora, el nuevo disco de Yes, un álbum que demuestra que la veterana formación británica sigue teniendo mucho que decir dentro del rock progresivo. Si aún no habéis leído aquel artículo, podéis hacerlo aquí:

Yes – Aurora (2026): el regreso de una leyenda del rock progresivo

Después de varias escuchas reposadas del disco, hay un tema que ha terminado por imponerse sobre el resto y reclamar toda mi atención: "Countermovement". Es una de esas composiciones que va creciendo con cada nueva audición, descubriendo matices y pequeños detalles que en un primer acercamiento pueden pasar desapercibidos.

Por eso quiero traérosla hoy hasta el blog y detenerme un poco más en ella, porque creo que representa a la perfección el espíritu de Aurora y confirma que Yes, uno de los grandes dinosaurios del rock progresivo, continúa mirando hacia adelante sin renunciar a la esencia que lo convirtió en una banda imprescindible.

El nacimiento de Aurora

Cuando Yes comenzó a trabajar en lo que acabaría siendo Aurora, no existía un concepto cerrado ni una historia previamente definida. El álbum fue creciendo de una forma orgánica, a partir de pequeñas ideas, fragmentos musicales y melodías que poco a poco fueron encontrando su lugar.

Entre aquellos primeros bocetos apareció una pieza llamada precisamente "Aurora", un título que inmediatamente cautivó a Steve Howe. La palabra evocaba luz, amanecer, renacimiento e inmensidad, una imagen que acabaría impregnando todo el proyecto. Según explicó Jon Davison, aquel nombre también inspiró al artista Roger Dean, cuya portada terminó de dar forma visual al universo del disco. De algún modo, antes incluso de que las canciones estuvieran terminadas, Aurora ya tenía alma.

Es dentro de ese paisaje donde "Countermovement" encuentra su verdadero sentido.


Una pequeña suite con el ADN de Yes

Si hay algo que Yes ha sabido hacer a lo largo de su historia son esas composiciones largas que evolucionan constantemente. "Countermovement" pertenece claramente a esa tradición. Es una pequeña suite progresiva que transita por diferentes escenarios musicales, enlazando momentos de serenidad con otros de enorme intensidad, siempre mediante giros inesperados que mantienen la atención del oyente.

La canción se abre con una preciosa guitarra de Steve Howe, delicada y elegante, que actúa como una puerta de entrada perfecta al universo del tema. Son apenas unos compases, pero bastan para crear esa atmósfera tan característica de Yes, donde cada nota parece colocada exactamente en el lugar adecuado.

A medida que la composición avanza, aparecen pasajes que, inevitablemente, pueden recordar al espíritu de I've Seen All Good People. No porque la canción mire al pasado con nostalgia, sino porque comparte esa mezcla de luminosidad, sofisticación melódica y naturalidad que siempre ha caracterizado al grupo. Sin embargo, "Countermovement" posee personalidad propia y nunca da la sensación de querer imitar viejas glorias.


Steve Howe, una vez más, en estado de gracia

Reconozco que tengo cierta debilidad por Steve Howe, y canciones como esta no hacen sino confirmarla.

Su trabajo de guitarra puede parecer contenido para quien espere exhibiciones de velocidad, pero precisamente ahí reside su grandeza. Howe nunca ha necesitado tocar muchas notas para emocionar; le basta con elegir las adecuadas. En "Countermovement" cada frase tiene un propósito, cada silencio respira y cada melodía encuentra su espacio.

Su interpretación resulta hermosa en unos momentos y casi inquietante en otros, mostrando fuerza cuando la canción lo necesita, pero sin caer jamás en la autocomplacencia ni en el virtuosismo vacío. Es una lección de madurez musical: menos pendiente de demostrar de lo que es capaz y mucho más interesada en servir a la composición.

Naturalmente, el resto de la banda también realiza un trabajo sobresaliente. Geoff Downes aporta las atmósferas y los colores de teclado que envuelven la pieza, la base rítmica sostiene con firmeza los continuos cambios de dirección y Jon Davison vuelve a demostrar que su voz encaja sorprendentemente bien en el universo sonoro de Yes. Pero, inevitablemente, mis oídos terminan regresando una y otra vez a la guitarra de Howe, verdadero hilo conductor de esta magnífica suite.



                                              


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