Neil Young – Second Song: canciones junto a la chimenea





       

 Neil Young – Second Song: canciones junto a la chimenea

Cuando me llega un nuevo disco de Neil Young, mi cabeza vuela casi inevitablemente hacia los inicios de su carrera, hacia aquellos discos en los que su frágil voz, una guitarra y una armónica eran suficientes para construir canciones como Heart Of Gold , Harvest Moon , Old Man temas de ritmo lento y tranquilo. También me gustaba, por supuesto, cuando esa música se desbocaba junto a Crazy Horse, cuando la electricidad tomaba el mando y Young dejaba que sus guitarras caminaran por terrenos mucho más salvajes.

Pero hoy, mientras escucho Second Song, el último disco de Young vuelve a aparecer ante mí aquel otro Neil Young. El tranquilo. El que parecía estar sentado al otro lado de la habitación, junto a una chimenea, cantándote una canción mientras te contaba las historias que le habían ocurrido.

Second Song es un disco lento. Un disco mayormente acústico, sin grandes solos de guitarra ni interludios instrumentales interminables. Las canciones avanzan sin prisa y tienen algo de conversación en tiempo real. Conversaciones analógicas, predigitales, como las de antes. Charlas junto a la chimenea.

Y quizá por eso este disco se siente tan cercano.

A sus 80 años, Neil Young no parece interesado en demostrar nada. No necesita hacerlo. Su historia está escrita desde hace décadas. Aquí simplemente se sienta con sus músicos, toma la guitarra y empieza a hablar.

Y lo que cuenta tiene que ver con el tiempo, con los recuerdos, con el amor, con la familia, con el mundo que observa a su alrededor y, de una manera cada vez más evidente, con su propia vida.

Neil Young hablando en primera persona

Hay algo especialmente personal en Second Song. Young no parece esconderse detrás de personajes ni de grandes metáforas. Muchas de estas canciones suenan como pensamientos puestos directamente sobre la mesa.

El paso del tiempo aparece constantemente. También la memoria y esa necesidad de mirar hacia atrás para entender dónde estamos ahora.

No es extraño encontrar en el disco referencias a los primeros años de su vida y de su carrera. De hecho, dos canciones proceden de aquella época: “Casting Me Away From You” y “I'll Love You Forever”, composiciones de los años sesenta que Young recupera ahora y vuelve a grabar con The Chrome Hearts.

Y ese detalle convierte el álbum en algo más que una colección de canciones nuevas.

Es casi una conversación entre dos Neil Young.

El joven que escribía aquellas canciones hace más de sesenta años y el hombre que hoy vuelve sobre ellas después de toda una vida dedicada a la música.

Un disco que respira despacio

La formación de The Chrome Hearts acompaña a Young con una discreción que encaja perfectamente con el espíritu del álbum. Micah Nelson está a la guitarra, Corey McCormick al bajo y Anthony LoGerfo a la batería, mientras Spooner Oldham aporta los teclados.

No hay aquí una banda intentando ponerse por delante de las canciones.

Todo parece estar colocado en su sitio para que Young pueda contar lo que tiene que contar.

La música recuerda por momentos a aquel Neil Young más acústico de Harvest , Comes a Time o Harvest Moon, no porque pretenda repetir aquellos discos, sino porque vuelve a esa forma de entender la canción en la que una guitarra y una voz pueden decir mucho más que una producción llena de artificios.

Y su voz...

Su voz es ahora más quebradiza, más gastada por los años. Pero precisamente esa fragilidad le da a estas canciones una verdad difícil de fingir. Hay momentos en los que parece que no estamos escuchando a una estrella del rock, sino a un hombre que se ha sentado delante de nosotros para contarnos lo que lleva dentro.

“The Foggy Edge of Time”

El álbum comienza con “The Foggy Edge of Time”, y el propio título parece resumir bastante bien el espíritu de Second Song.

El tiempo aparece aquí como algo difuso, difícil de atrapar. Young mira hacia atrás mientras sigue avanzando, y la música acompaña esa mirada con una serenidad que recuerda al Neil Young que muchos descubrimos en sus canciones más desnudas.

Después llega “Day After Day”, otro de esos temas que parecen avanzar sin ninguna prisa. La guitarra acústica sostiene la canción mientras Young habla de los días que pasan y de los cambios que inevitablemente trae consigo el tiempo.

“Earth Girl”: el amor que permanece

En “Earth Girl” aparece otra de las facetas más personales del álbum.

Aquí Young habla del amor desde una perspectiva íntima. La canción está dedicada a Daryl Hannah, su esposa, y forma parte de ese conjunto de composiciones en las que el músico parece detenerse para mirar aquello que todavía permanece a su lado.

Es un amor contado sin demasiados adornos.

Una canción sencilla, cálida, casi doméstica.

Y precisamente por eso funciona.

“Second Song”

Y entonces llegamos a la canción que da título al álbum.

“Second Song” supera los once minutos y es probablemente la pieza que mejor resume lo que Young quiere transmitir en este disco. La canción se va construyendo alrededor de su guitarra, su inseparable armónica y esa voz frágil que parece sacar de no sé dónde para lamentarse de que los tiempos están cambiando:

“Han cambiado demasiadas cosas a nuestro alrededor.
Pero de alguna manera podemos recuperarlo.”

Después llega una petición que me resulta especialmente significativa:

“Necesito hablar con alguien
Alguien que sonría y responda
Alguien tan viejo como yo
¿Quién todavía recuerda algo de eso?”

Y ahí la canción deja de ser únicamente de Neil Young. Habla también de quienes hemos ido acumulando años y recuerdos, de esa necesidad de encontrar a alguien que recuerde las mismas cosas que nosotros.

La música acompaña esa sensación sin prisa. Guitarra, armónica y voz. Poco más hace falta.

El vídeo sigue exactamente ese mismo espíritu. Young aparece avanzando lentamente dentro de su coche por los caminos de un camino rural en su vieja furgoneta, mientras el paisaje pasa casi a cámara lenta. Música e imágenes parecen avanzar al unísono, como si ese recorrido fuera también una mirada hacia atrás.

El mundo también entra en la conversación

Pero Second Song no es únicamente un disco sobre recuerdos personales.

Young nunca ha separado del todo su vida de aquello que ocurre a su alrededor, y aquí vuelven algunas de sus preocupaciones habituales: el medio ambiente, los cambios del mundo y la sensación de estar asistiendo a una época que se transforma demasiado deprisa.Todo ello aparece especialmente en “Soon I Might Be Going”,

Pero incluso aquí la canción no suena como un discurso.

Suena como una conversación.

Como si Young estuviera sentado junto al fuego, mirando las llamas y pensando en voz alta.

Mirar hacia atrás para seguir adelante

Eso es, para mí, lo que hace que Second Song resulte tan especial.

No es un disco construido para recordar al Neil Young del pasado. Es un disco en el que el Neil Young de hoy conversa con todos los Neil Young que ha sido.

Está el joven de los años sesenta, está el músico de Harvest, está el hombre que se dejó llevar por la electricidad de Crazy Horse y está el compositor de las canciones más íntimas.

Y está el Neil Young de 2026, sentado con su guitarra y su banda, contando lo que ha aprendido durante todo ese camino.

Quizá por eso Second Song me produce esa sensación tan familiar: la de estar escuchando a alguien que conozco desde hace muchos años. Alguien que vuelve a sentarse delante de mí y, sin grandes ceremonias, empieza a cantar.

Una guitarra.

Una voz.

Y una historia más.

Porque todavía queda una canción.



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