The Pineapple Thief – Driving Like Maniacs

 



           

The Pineapple Thief – Driving Like Maniacs

La belleza de conducir hacia ninguna parte

Hay grupos que escuchamos durante una temporada y otros que, casi sin darnos cuenta, terminan acompañándonos durante años. The Pineapple Thief pertenece para mí a esta segunda categoría. Es una de esas bandas a las que he ido regresando una y otra vez en los últimos años, descubriendo que detrás de cada álbum existe algo que merece una nueva escucha.

Su música tiene esa rara capacidad de combinar rock progresivo, melodía y melancolía sin que ninguno de esos elementos pese demasiado. Bruce Soord sabe construir canciones que no necesitan grandes artificios para llegar al oyente. A veces basta una guitarra, una voz y una atmósfera bien construida para conseguir que una canción termine quedándose contigo.

Eso es precisamente lo que me sucede con “Driving Like Maniacs”, incluida en Versions of the Truth, publicado en 2020. Desde la primera vez que escuché aquel álbum tuve la sensación de estar ante uno de los trabajos más interesantes de la trayectoria de la banda. Con el tiempo, lejos de perder fuerza, ha ido creciendo en mi percepción. Hay discos que nos impresionan inmediatamente y otros que necesitan que volvamos a ellos para descubrir realmente todo lo que tienen dentro. Versions of the Truth pertenece, para mí, a estos últimos.

Y dentro de ese recorrido, “Driving Like Maniacs” tiene algo especial.

La canción parece avanzar como su propio título indica: en movimiento permanente, sin detenerse demasiado a explicar hacia dónde se dirige. Hay en ella una sensación casi cinematográfica, como si estuviéramos contemplando la carretera desde el interior de un coche mientras las luces pasan al otro lado de la ventanilla. No importa tanto el destino como lo que ocurre durante el trayecto.

Musicalmente, The Pineapple Thief consigue que todo parezca sencillo. Las guitarras, la voz y la sección rítmica van construyendo una pieza en la que cada elemento tiene su función y nada parece colocado para demostrar lo que un músico es capaz de hacer. Esa contención es una de las grandes virtudes de la banda.

Y ahí vuelve a aparecer Bruce Soord, tanto como compositor como intérprete. Su voz aporta esa sensibilidad que permite que la canción conserve una dimensión humana incluso cuando la instrumentación gana intensidad. No necesita forzar la interpretación para transmitir lo que hay detrás de las palabras. Lo hace desde un registro contenido, casi íntimo.

La batería de Gavin Harrison juega también un papel fundamental. Su técnica está fuera de toda duda, pero lo interesante no es comprobar hasta dónde puede llegar, sino cómo pone esa experiencia al servicio de la canción. Sus cambios de dinámica aportan tensión y movimiento sin romper nunca el equilibrio de la composición.

Quizá esa sea una de las razones por las que “Driving Like Maniacs” funciona tan bien dentro de Versions of the Truth. No intenta convertirse en una pieza aislada del resto del álbum, sino que comparte con él esa mirada hacia un mundo en el que la realidad, las apariencias y la forma en que percibimos lo que sucede a nuestro alrededor no siempre coinciden.

Pero, más allá de cualquier interpretación conceptual, lo que permanece es la propia canción. Y eso es lo que más valoro cuando regreso a ella.

Porque después de varias escuchas empiezan a aparecer pequeños detalles que al principio habían quedado escondidos. Una guitarra que adquiere mayor presencia, una línea vocal que ahora escuchamos de otra manera, un cambio de ritmo que antes había pasado desapercibido. No son grandes descubrimientos, pero sí esos pequeños detalles que hacen que una canción no se desgaste con el tiempo.

Con The Pineapple Thief me ocurre algo parecido con buena parte de su discografía. Cuanto más los escucho, menos necesidad tengo de buscar una explicación. Simplemente dejo que la música avance y, de alguna manera, me acompañe.

“Driving Like Maniacs” tiene precisamente ese efecto. Es una canción que habla de movimiento, pero que paradójicamente invita a detenerse en ella. Quizá porque todos hemos tenido alguna vez la sensación de conducir sin saber exactamente cuál será el destino, dejando que la carretera decida por nosotros durante unos kilómetros.

Y tal vez ahí esté su encanto.

No siempre necesitamos saber hacia dónde vamos. A veces basta con subir el volumen, mirar la carretera y dejar que The Pineapple Thief ponga la banda sonora al viaje.



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