Rolling Stones – Foreign Tongues

 




          


Rolling Stones – Foreign Tongues

Siempre el  penúltimo

Casi todos los que llevamos media vida inmersos en el mundo de la música nos hemos hecho alguna vez la misma pregunta: ¿será este el último disco de los Rolling Stones?

La duda aparece con cada nuevo lanzamiento. La edad de sus miembros, las giras cada vez más espaciadas y la inevitable ley del tiempo nos hacen pensar que cualquier álbum podría ser el definitivo. Sin embargo, pasan unos meses, o unos años, y la banda vuelve a sorprendernos con un nuevo trabajo que demuestra que todavía tienen cosas que decir.

Con Foreign Tongues vuelve a ocurrir exactamente eso.

Porque, si algo han demostrado Mick Jagger, Keith Richards y Ronnie Wood, es que nunca conviene dar por terminada una historia que ellos mismos siguen escribiendo. Es un poco como ocurre con las cervezas entre amigos: la última casi siempre acaba siendo la penúltima. Y con los Stones sucede exactamente igual. Cuando creemos que ha llegado el momento del adiós, aparece otra canción, otro disco, otra gira o una nueva colección de composiciones que recuerdan por qué llevan más de seis décadas ocupando un lugar privilegiado en la historia del rock.

Lejos de convertirse en un simple ejercicio de nostalgia, Foreign Tongues transmite la sensación de ser una obra realizada con libertad. Ya no existe la necesidad de demostrar nada a nadie. No tienen que competir con las nuevas generaciones ni reivindicar su legado, porque ese legado está más que consolidado. Precisamente por eso, las canciones respiran una naturalidad difícil de encontrar en muchas bandas veteranas.

Pero no estamos ante un disco que mire únicamente hacia el pasado. A lo largo de sus catorce canciones, Foreign Tongues deja entrever a unos Rolling Stones que reflexionan, quizá de forma más abierta que nunca, sobre la mortalidad, las relaciones que cambian con el paso de los años y la fragilidad de la vida. Son temas universales tratados sin dramatismo excesivo, con esa mezcla de ironía, descaro y sabiduría que siempre ha caracterizado a la banda.

El álbum conserva esa mezcla que siempre ha definido a los Rolling Stones: riffs de guitarra inconfundibles, una base rítmica tan sólida como una roca y Mick Jagger escupiendo las letras con esa voz rasgada que, a sus ochenta y tantos años, sigue desafiando al tiempo. A ello se suman pasajes más calmados, arreglos cuidados y momentos en los que la experiencia se impone con elegancia a la energía desbordada de otros tiempos. Quizá el secreto de su vigencia esté en no traicionarse demasiado, en seguir fieles a un patrón que han perfeccionado durante décadas, sin necesidad de grandes experimentos. 

            

"Jealous Lover": ecos del pasado con el descaro de siempre

Uno de los momentos más sorprendentes del álbum llega con "Jealous Lover", una canción que parece tender un puente entre distintas épocas de la carrera de los Stones. Musicalmente se mueve entre el funk y el R&B, mientras Mick Jagger recupera un registro que muchos asociarán inmediatamente al inolvidable Emotional Rescue de 1980.

Su falsete, lejos de sonar como un simple guiño nostálgico, vuelve a ser protagonista. Jagger lleva su falsete al límite, demostrando que todavía es capaz de jugar con su voz y encontrar nuevos matices incluso después de más de seis décadas de carrera. La interpretación es uno de los grandes atractivos del tema y recuerda por momentos la frescura y la irreverencia de finales de los setenta.

La letra aborda el deterioro de una relación devorada por los celos. No hay grandes dramatismos, sino una mirada amarga y resignada hacia una historia en la que la desconfianza acaba consumiéndolo todo. Es uno de esos temas donde los Stones recuerdan que siempre han sabido hablar del amor desde su lado más imperfecto y humano.

"In the Stars": un rayo de esperanza entre las sombras

Tras la tensión emocional de "Jealous Lover", el álbum ofrece uno de sus momentos más inspirados con "In the Stars". Se trata de una composición que aporta un tono más contemplativo y emotivo, demostrando que los Rolling Stones siguen siendo capaces de escribir canciones que emocionan sin renunciar a su identidad.

La canción invita a levantar la vista hacia el cielo en busca de respuestas cuando el presente se llena de incertidumbre. Las estrellas funcionan como un símbolo de esperanza, de memoria y de continuidad, como si recordaran que, incluso cuando todo parece tambalearse, siempre permanece una luz capaz de guiarnos.

Musicalmente, el tema combina la elegancia del rock clásico de los Stones con delicados matices de soul y góspel. Las guitarras de Keith Richards y Ronnie Wood acompañan con enorme sensibilidad, mientras Jagger ofrece una interpretación contenida y profundamente emotiva, dejando que la melodía respire y transmitiendo una serenidad poco habitual en las canciones más enérgicas de la banda.

Dentro del conjunto de Foreign Tongues, "In the Stars" resume buena parte del espíritu del disco. Si las demás canciones hablan del paso del tiempo, de la mortalidad, de las relaciones cambiantes y de la fragilidad de la existencia, este tema aporta el contrapunto necesario: la esperanza. Es una manera de decir que, pese a las pérdidas, al desgaste y a los inevitables cambios que trae la vida, siempre queda algo a lo que aferrarse.

          

Aceptar el caos

Otro de los cortes destacados es "Divine Intervention", un vibrante tema de rock que afronta una idea tan inquietante como sugestiva: la resignación ante un mundo que parece dirigirse hacia el desastre. Con su habitual sentido del humor negro, Jagger narra el encuentro con una vidente en Hollywood, preguntándole por su futuro. La respuesta no puede ser más surrealista: la mujer acaba derrumbándose entre lágrimas, incapaz de soportar lo que ha visto.

A partir de ahí, la canción se transforma en una aceptación del caos. Frente al destino inevitable, Jagger responde con una actitud desafiante y casi liberadora, proclamando que la "intervención divina está fuera de discusión" y que, llegado el momento, "bailará entre las llamas". Es una filosofía profundamente stoneana: afrontar el final con ironía, rebeldía y una sonrisa en los labios.

Hay algo especialmente emocionante al escuchar un nuevo disco de los Stones en pleno siglo XXI. No se trata únicamente de la música. También es la conciencia de estar asistiendo a uno de los últimos capítulos de una historia que comenzó en 1962 y que ha acompañado a varias generaciones. Cada nuevo lanzamiento adquiere un valor añadido porque sabemos que pertenece a una banda que ya forma parte del patrimonio cultural de la música popular.

Lo admirable es que siguen evitando convertirse en una caricatura de sí mismos. Muchos grupos históricos viven exclusivamente de interpretar sus grandes éxitos, pero los Stones continúan sintiendo la necesidad de crear material nuevo. Esa inquietud artística es, probablemente, la razón por la que siguen siendo relevantes tantos años después.

Quizá Foreign Tongues no alcance la categoría de obras inmortales como Sticky Fingers, Exile on Main St., Some Girls o Tattoo You. Tampoco necesita hacerlo. Su mérito reside en demostrar que la inspiración aún no se ha agotado y que la banda conserva intacto ese instinto para construir canciones que suenan auténticamente stoneanas.

Resulta casi inevitable escuchar este disco con una mezcla de satisfacción y melancolía. Satisfacción porque seguimos disfrutando de música nueva de una de las bandas más importantes de todos los tiempos. Melancolía porque somos conscientes de que el reloj no se detiene para nadie. Pero, curiosamente, cada vez que parece acercarse el final, los Rolling Stones encuentran la manera de retrasarlo un poco más.

Porque con los Rolling Stones nunca conviene pronunciar la palabra "último".

Siempre acaba siendo... la penúltima.

Y mientras Mick Jagger siga subiéndose a un escenario con la energía de un músico que todavía disfruta cantando, mientras Keith Richards continúe arrancando de su guitarra esos acordes imposibles de confundir con los de cualquier otro, y mientras exista el deseo de seguir componiendo, siempre quedará espacio para una canción más.

Y quién sabe...

Tal vez también para un disco más de los Rolling Stones.



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