Richard Ashcroft – These People - Out of My Body -





       


Richard Ashcroft – These People: un verano con un disco que creció con el tiempo

A principios del verano de 2016 cayó en mis manos These People, el cuarto álbum en solitario de Richard Ashcroft, publicado el 20 de mayo de aquel año.

Recuerdo aquel disco como una escucha especialmente agradable. Era elegante, sencillo y equilibrado, construido alrededor de canciones accesibles y de unos envolventes arreglos de cuerda que aportaban una dimensión cinematográfica a muchas de las composiciones. En ellos volvía a aparecer Wil Malone, colaborador fundamental de Ashcroft desde los años de Urban Hymns.

These People me acompañó durante todo aquel verano y todavía regresaría a él en algunos años posteriores. No diría que estamos ante un disco maravilloso ni ante una obra que pretenda competir con los momentos más altos de The Verve, pero sus canciones me llegaron rápidamente. Y quizá ahí esté una de sus principales virtudes: no necesitó grandes esfuerzos para hacerse un sitio entre mis discos de aquella época.

Ashcroft llegaba además a These People con una mochila crítica bastante pesada. Después del enorme éxito de Urban Hymns, su carrera en solitario fue observada casi siempre bajo la sombra de aquel álbum. Incluso trabajos como Human Conditions fueron recibidos con una dureza que, en ocasiones, parecía olvidar que Ashcroft estaba intentando desarrollar su propio lenguaje fuera de The Verve.

La crítica de aquellos años llegó a acusarle de ser tedioso, ególatra, blando, excesivamente producido o demasiado dado a los grandes discursos. These People tampoco escapó de esas valoraciones: algunos críticos consideraron que la producción era excesiva y que Ashcroft había perdido parte de la contundencia lírica de sus mejores años.

Sin embargo, escuchado desde otra perspectiva, el álbum resulta más interesante. Ashcroft no intenta reinventarse completamente. Recupera elementos que forman parte de su identidad —las cuerdas, la amplitud de las melodías, su voz característica y ese gusto por convertir una canción en algo emocionalmente expansivo—, pero los coloca dentro de una producción contemporánea que incorpora también sintetizadores y elementos electrónicos.

El resultado es un disco bastante coherente. Sus diez canciones forman un recorrido de poco más de cincuenta minutos, con un equilibrio entre momentos más expansivos y otros más íntimos.

              

Out of My Body

El comienzo puede resultar engañoso. Out of My Body abre el álbum con una base electrónica y sintetizadores que se alejan del Ashcroft más reconocible. Es probablemente uno de los cortes en los que más claramente intenta actualizar su sonido.

La canción tiene movimiento, pulsación y una cierta sensación de liberación. Ashcroft parece querer desprenderse de todo aquello que le pesa, mientras la producción va creando una atmósfera que mezcla rock, electrónica y pop.

No es necesariamente la mejor canción del disco, pero sí una buena declaración de intenciones. These People no va a ser simplemente una repetición de Urban Hymns. Aunque debajo de la superficie siga estando el mismo compositor.

Ain't the Future So Bright

Mucho más cercana a la sensibilidad clásica de Ashcroft, Ain't the Future So Bright recupera esa combinación de melodía, cuerdas y voz que tan bien funciona a lo largo del álbum.

Aquí desaparece buena parte del componente electrónico y la canción se apoya en una instrumentación más orgánica. Las cuerdas de Wil Malone tienen un papel importante, envolviendo la melodía sin convertirse en un simple adorno.

El título ya introduce una cierta mirada pesimista hacia el futuro, pero Ashcroft nunca abandona completamente la posibilidad de encontrar algo de luz. Esa mezcla entre incertidumbre y esperanza es, en realidad, una de las constantes del álbum.

No necesita grandes artificios para funcionar. Es precisamente su sencillez la que hace que permanezca.

            

These People

La canción que da título al álbum es probablemente su verdadero centro emocional. These People se construye alrededor de una melodía pausada y de una instrumentación que deja espacio a la voz de Ashcroft.

La canción habla de esas personas que interfieren, ponen a prueba y condicionan nuestra existencia, pero el discurso termina desplazándose hacia un territorio más íntimo: la necesidad de proteger aquello que realmente importa.

Las cuerdas vuelven a tener aquí un protagonismo decisivo. Wil Malone consigue que la canción vaya creciendo sin necesidad de convertirla en una explosión grandilocuente. Es un crecimiento progresivo, elegante, que termina dando al tema una dimensión casi épica.

              

Y quizá sea esta canción la que mejor resume lo que encuentro en These People. Richard Ashcroft no necesita demostrar que sigue siendo el hombre de Urban Hymns. Simplemente continúa escribiendo canciones desde el lugar en el que se encuentra, con sus excesos, sus certezas y también sus contradicciones.

Escuchado hoy, These People me sigue llevando directamente a aquel verano de 2016. Y eso, para mí, tiene más valor que cualquier valoración crítica. Hay discos que permanecen porque fueron extraordinarios; otros lo hacen porque quedaron ligados a un momento concreto de nuestra vida. These People pertenece a esta segunda categoría, pero con una particularidad: con el paso del tiempo sus canciones no han perdido aquello que hizo que volviera a ellas una y otra vez.

No es Urban Hymns, ni pretende serlo. Es simplemente un buen disco de Richard Ashcroft, hecho a su manera y con una personalidad suficientemente reconocible como para seguir teniendo algo que decir diez años después de su publicación.



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