Locanda delle Fate: cuando una obra maestra estuvo a punto de pasar de largo
Hay grupos de música que corremos el riesgo de perdernos. Su paso por el mundo progresivo es tan fugaz, o pasan tan de puntillas por la historia, que, si no estamos atentos, podemos dejar escapar auténticas obras maestras. Este es el curioso caso de Locanda delle Fate, un grupo prodigioso con apenas un disco en su primera etapa, pero ¡qué disco! Poesía pura, de principio a fin.
Y lo más curioso es que fue muy fácil que me lo perdiera.
Por aquel entonces, cuando uno se acercaba al rock progresivo italiano, casi inevitablemente dirigía la mirada hacia nombres como Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso, Le Orme o New Trolls. Eran los grandes referentes, los nombres que aparecían una y otra vez cuando buscábamos descubrir qué estaba ocurriendo en Italia. En medio de aquel extraordinario panorama, Locanda delle Fate parecía ocupar un lugar mucho más discreto.
Hoy, sin embargo, escuchar Forse le lucciole non si amano più es descubrir que aquella aparente discreción escondía una de las obras más hermosas y delicadas de todo el Rock Progressivo Italiano.
Un grupo diferente dentro de una escena extraordinaria
Formados en Asti, Piamonte, a mediados de los años setenta, Locanda delle Fate desarrolló una propuesta claramente sinfónica, pero alejada de la grandilocuencia que a veces asociamos con el progresivo.
Su música tiene algo camerístico, íntimo y profundamente melódico. Las guitarras acústicas y eléctricas, los teclados, el piano, el Moog, la flauta y una sección rítmica extraordinariamente precisa se combinan para construir composiciones llenas de pequeños detalles.
Y ahí está, quizá, su principal virtud: no necesitan demostrar nada.
La complejidad está al servicio de la emoción. Los cambios de ritmo aparecen de manera natural, las melodías se desarrollan lentamente y los instrumentos parecen dialogar entre ellos. Todo está cuidadosamente colocado, pero nunca da la sensación de ser una música fría o excesivamente cerebral.
La voz de Leonardo Sasso, cálida y emocional profundamente expresiva, termina de proporcionar ese carácter tan particular.
Forse le lucciole non si amano più
En 1977, Polydor publicó el único álbum de estudio de su primera etapa: Forse le lucciole non si amano più.
Y aquí es donde comienza la verdadera historia.
Porque estamos ante uno de esos discos que parecen haber nacido fuera de su tiempo. Un álbum extraordinariamente elaborado, melódico, sinfónico y poético, que encontró muy poco espacio comercial en un momento en el que el progresivo comenzaba a perder protagonismo.
Desde “A volte un istante di quiete” hasta “Vendesi saggezza”, pasando por la maravillosa canción que da título al álbum, todo parece formar parte de un mismo universo.
Hay pasajes de una enorme delicadeza, desarrollos instrumentales, guitarras acústicas que aportan transparencia, teclados que envuelven las melodías y cambios de dinámica que recuerdan a la mejor tradición sinfónica italiana.
Pero por encima de todo está la capacidad para emocionar.
No es un disco que necesite exhibir continuamente su virtuosismo. Es un disco que invita a escuchar, dejarse llevar y descubrir poco a poco sus diferentes capas.
Las luciérnagas como metáfora
Incluso el título resulta extraordinariamente evocador: Forse le lucciole non si amano più, algo así como Quizá las luciérnagas ya no se aman.
Hay en él una cierta sensación de pérdida, de inocencia que desaparece, de un mundo que empieza a cambiar.
Y escuchando el álbum hoy, esa idea adquiere todavía más fuerza.
Locanda delle Fate apareció precisamente cuando el gran ciclo del rock progresivo de los setenta comenzaba a apagarse. El punk, la música disco y las nuevas corrientes estaban transformando el panorama musical. Quizá, sin pretenderlo, aquel disco se convirtió en una de las últimas luces de una época.
Como esas luciérnagas que aparecen durante unos segundos en la oscuridad y después desaparecen.
Una obra maestra de culto
El álbum no obtuvo el reconocimiento comercial que merecía y, tras publicar algunos singles, el grupo terminó disolviéndose en 1980.
Pero la historia de Forse le lucciole non si amano più estaba lejos de terminar.
Con el paso de los años, el disco comenzó a ser reivindicado por coleccionistas y aficionados al progresivo. Su reputación fue creciendo hasta convertirse en uno de los grandes discos de culto del progresivo italiano.
Y quizá eso sea lo más hermoso de su historia: un álbum que en su momento no consiguió alcanzar al gran público terminó encontrando, décadas después, a unos oyentes capaces de comprenderlo.
El regreso
La historia de Locanda delle Fate tuvo además algunos capítulos posteriores.
En 1999, el grupo regresó con Homo Homini Lupus, ya sin Leonardo Sasso y con una orientación más contemporánea. Posteriormente hubo nuevas reuniones y actuaciones que permitieron recuperar parte de aquel legado.
Pero, inevitablemente, la sombra de aquel primer álbum siguió siendo enorme.
Porque hay discos que no necesitan una larga discografía para justificar su existencia.
La delicadeza como forma de progresar
Eso es precisamente lo que hace tan especial a Locanda delle Fate. Frente a la espectacularidad de algunos de sus contemporáneos, ellos eligieron otro camino: el de la delicadeza, el detalle y la emoción.
Su música puede gustar especialmente a quienes disfrutan del progresivo sinfónico, melódico y atmosférico, pero también a quienes simplemente buscan un álbum capaz de crear un mundo propio.
Y vuelvo al principio.
Durante años tuve la sensación de que, dentro de aquella extraordinaria escena italiana, había algo que se me había escapado. Mientras escuchábamos una y otra vez a PFM, Banco del Mutuo Soccorso o Le Orme, aquella pequeña formación de Asti permanecía en un segundo plano.
Hasta que un día aparece Forse le lucciole non si amano più.
Y entonces uno comprende que, a veces, las grandes obras no son necesariamente las que más ruido hicieron, sino aquellas que esperaron pacientemente a que alguien las descubriera.
Locanda delle Fate fue una de ellas.
Y qué suerte haber encontrado, aunque fuera tarde, aquellas luciérnagas.
Comentarios
Publicar un comentario