Big Big Train – English Electric Part One:



           

        

Big Big Train – English Electric Part One: cuando descubrí una nueva forma de entender el rock progresivo

Mi descubrimiento de Big Big Train fue un poco tardío. Debido a esos años en los que el trabajo y las obligaciones te separan inevitablemente de las novedades musicales, este grupo se me escapó entre los dedos. Y quizá por eso, cuando finalmente me encontré con ellos, la sensación de descubrimiento fue todavía más intensa.

Desde las primeras escuchas me llamó poderosamente la atención algo que me resultaba familiar. Su música tenía ciertos paralelismos con Genesis, uno de mis grupos favoritos de siempre. Había en sus composiciones algo de aquella combinación entre melodía, narrativa, desarrollos progresivos y sensibilidad pastoral que tanto me había cautivado en Genesis.

Pero Big Big Train no era una simple copia ni una banda que viviera de mirar hacia atrás. Había algo propio, una personalidad que poco a poco se iba haciendo evidente.

Y qué decir de su cantante, David Longdon.

Su voz me pareció desde el primer momento algo celestial. Tenía una calidez extraordinaria, pero también una capacidad para elevar las canciones cuando los arreglos lo necesitaban. Sus armonías y arreglos vocales eran realmente de otro mundo. Longdon tenía esa rara cualidad que poseen algunos cantantes: no se limitaba a interpretar una canción, sino que parecía vivir dentro de ella.

Por eso resulta especialmente doloroso hablar hoy de su figura. Su fallecimiento en 2021 dejó un vacío enorme en Big Big Train y en el rock progresivo británico. Era uno de esos músicos con los que uno establece una conexión casi inmediata, incluso sin haberlos seguido desde el principio de su carrera.

Cuando escuché por primera vez English Electric Part One, todas mis dudas se disiparon.

Había encontrado mi nuevo grupo favorito dentro del neo-progresivo.

Y lo curioso es que no necesité llegar hasta el final del disco para darme cuenta. El primer tema me precipitó directamente hacia el resto del álbum. “The First Rebreather” fue esa puerta de entrada que hizo que quisiera saber qué había detrás de aquella música.

Hay grupos de rock progresivo que construyen sus canciones alrededor de mundos imaginarios, viajes cósmicos o complejos desarrollos instrumentales. Big Big Train pertenece a otra tradición. Su música también puede ser ambiciosa, elaborada y profundamente progresiva, pero sus historias nacen muchas veces de algo mucho más próximo: la tierra que pisamos, las personas que la trabajaron y la memoria de los lugares que han ido cambiando con el paso del tiempo.

Eso es precisamente lo que hace de English Electric Part One un disco tan especial.

Publicado en 2012, este álbum supuso uno de los grandes pasos adelante en la trayectoria de Big Big Train y ayudó a consolidar la personalidad que posteriormente convertiría al grupo en una de las referencias del rock progresivo británico contemporáneo. La formación reunía a David Longdon, Greg Spawton, Dave Gregory, Andy Poole y Nick D’Virgilio, acompañados por músicos invitados, cuerdas, instrumentos de viento y diferentes elementos que amplían considerablemente la paleta sonora del grupo.

Y aunque hablamos de rock progresivo, English Electric Part One no necesita exhibir constantemente su complejidad. Su grandeza está precisamente en conseguir que las melodías, las historias y los arreglos estén siempre al servicio de una narración.

Una historia de Inglaterra contada desde abajo

El título English Electric ya parece contener buena parte de las intenciones del proyecto. Hay en el disco una fascinación evidente por la Inglaterra industrial, por los ferrocarriles, las minas, las ciudades, los trabajadores y también por el paisaje rural que sobrevive alrededor de todo ello.

El propio grupo explica que el álbum realiza un recorrido por el paisaje inglés, desde las ciudades mineras del norte hasta las colinas del sur, recuperando historias de navegantes, mineros, trabajadores, falsificadores, hombres de industria y personas anónimas.

Pero no se trata de un ejercicio de nostalgia fácil.

Big Big Train no presenta el pasado como una época dorada que debamos recuperar. Más bien intenta rescatar las historias humanas que quedaron escondidas detrás de la industrialización y del progreso.

Es una diferencia importante.

Detrás de cada fábrica hay trabajadores. Detrás de cada ferrocarril hay hombres que lo construyeron. Detrás de cada ciudad hay generaciones que han vivido y muerto en ella.

Y ahí es donde el disco adquiere una dimensión extraordinariamente humana.

“The First Rebreather”: el comienzo de un viaje

El álbum arranca con “The First Rebreather”, y desde sus primeros compases Big Big Train deja claro que aquí no vamos a encontrarnos simplemente con un disco de rock progresivo al uso.

La canción recupera la historia de Alexander Lambert, un buzo que participó en 1880 en las peligrosas operaciones relacionadas con la inundación del túnel ferroviario de Severn.

Pero lo verdaderamente fascinante no es únicamente la historia que cuenta, sino la manera en que Big Big Train consigue convertirla en música.

La letra nos sitúa ante un hombre que tiene que descender a las profundidades, a un lugar donde la oscuridad, el agua y el peligro convierten cada movimiento en una lucha contra lo desconocido.

El descenso físico se transforma en un descenso psicológico.

Lambert no solamente baja hacia las profundidades del túnel; se introduce en un territorio dominado por el miedo.

Y esa sensación está magníficamente reflejada por la música. La canción va creciendo poco a poco, creando una atmósfera casi cinematográfica. La voz de David Longdon aporta una dimensión narrativa extraordinaria: parece que alguien nos estuviera relatando un episodio perdido de la historia mientras nosotros contemplamos las imágenes.

Hay además una sensación muy fuerte de aislamiento.

Mientras Lambert se encuentra bajo tierra, quienes están en la superficie solamente pueden esperar. La canción consigue transmitir esa distancia entre quien se enfrenta directamente al peligro y quienes aguardan impotentes su regreso.

Y aquí aparece una de las grandes virtudes de Big Big Train: el rock progresivo está al servicio de la historia.

Los cambios de ritmo, las guitarras, los teclados y los arreglos no están ahí para demostrar cuánto puede tocar una banda. Todo tiene una función narrativa. La música se transforma a medida que avanza la historia y crea una auténtica sensación de viaje.

En este sentido, “The First Rebreather” es un ejemplo perfecto de ello. Se trata de un tema puramente genesiano, un genial tema de apertura que comienza de forma casi siniestra, envolvente, y que pronto nos lleva hacia los Genesis más bucólicos de la era Gabriel. El tema se va deslizando al servicio de la historia y va cambiando progresivamente de ritmos, donde a veces dominan los teclados, otras la guitarra, y como no, la voz de David Longdon va creciendo hasta convertirse en el eje emocional de la pieza.

Se perciben además claras influencias de Steve Hackett en las guitarras de Greg Spawton, con ese toque melódico y atmosférico tan característico, y también ecos de Peter Gabriel en la forma de cantar de Longdon, que aporta ese dramatismo narrativo tan propio del Genesis clásico.

Todo ello convierte a este tema en un auténtico temazo de apertura, no solo por su construcción musical, sino por la manera en que consigue sumergirnos desde el primer minuto en el universo del disco.

Para mí, escuchar “The First Rebreather” por primera vez fue precisamente eso: entrar en un mundo que desconocía y querer seguir explorándolo.

Y entonces llegó “Uncle Jack”.

“Uncle Jack”: memoria familiar y paisaje

Si “The First Rebreather” nos introduce en la historia industrial de Inglaterra, “Uncle Jack” nos permite acercarnos a ella desde un terreno mucho más íntimo.

David Longdon escribió esta canción pensando en su tío Jack, un minero de Derbyshire que pasó buena parte de su vida trabajando bajo tierra.

Pero existe un maravilloso contraste en su historia: aquel hombre que pasaba sus jornadas en la oscuridad encontraba su verdadera felicidad cuando salía al exterior y podía recorrer el campo con su perro Peg.

La imagen resulta magnífica.

Musicalmente, “Uncle Jack” muestra esa faceta pastoral que terminaría convirtiéndose en una de las características más reconocibles de Big Big Train. La melodía tiene una belleza serena y melancólica, y la interpretación de Longdon consigue que el recuerdo resulte cercano.

Es una canción sobre un hombre concreto, pero también sobre la memoria, el trabajo, la naturaleza y el paso de las generaciones.

“Winchester From St Giles’ Hill”: contemplar la historia

Con “Winchester From St Giles’ Hill”, el grupo cambia nuevamente de perspectiva.

Ya no estamos ante el recuerdo de una persona, sino ante la contemplación de un lugar cargado de historia.

Lo que transmite es algo mucho más evocador: la sensación de mirar un paisaje y comprender que muchas generaciones han contemplado exactamente ese mismo lugar.

Las personas desaparecen. Las ciudades cambian. Los edificios se transforman.

Pero el paisaje permanece.

Y esa idea de continuidad histórica recorre buena parte de English Electric Part One.

“Judas Unrepentant”: el arte de desafiar las reglas

Uno de los cambios más interesantes llega con “Judas Unrepentant”, inspirada en la vida del restaurador y falsificador de arte Tom Keating.

Aquí el grupo abandona parcialmente el carácter pastoral para entrar en un territorio mucho más teatral.

Keating fue un personaje complejo, enfrentado al mundo del arte y a sus propias contradicciones. Sus falsificaciones llegaron a convertirse casi en una forma de provocación: introducía pistas que permitían descubrir que determinadas obras no eran auténticas.

Big Big Train aprovecha esa historia para construir una canción llena de movimiento y dramatismo.

No encontramos aquí una condena sencilla del personaje. Más bien aparece alguien que desafía las reglas de un sistema que considera hipócrita.

Y precisamente esa ambigüedad hace que “Judas Unrepentant” resulte tan atractiva.

“Summoned By Bells”: los lugares donde permanece la memoria

“Summoned By Bells” vuelve a acercarnos a una historia familiar.

La canción está relacionada con Highfields, en Leicester, un lugar vinculado a la familia de Greg Spawton.

Aquí el protagonista vuelve a ser el paso del tiempo.

Las casas cambian, las calles se transforman, las personas que conocimos desaparecen y las nuevas generaciones ocupan su lugar.

Pero determinados espacios permanecen en nuestra memoria.

Todos tenemos lugares que, aunque hayan cambiado físicamente, siguen siendo exactamente como los recordamos.

Y esa es la sensación que transmite la canción: los lugares también tienen memoria.

“Upton Heath”: detenerse para respirar

Después de las historias anteriores, “Upton Heath” funciona casi como una pausa.

Inspirada en el paisaje de Dorset, la canción se centra en algo mucho más sencillo: la naturaleza, la amistad y el placer de caminar.

No hacen falta minas, personajes históricos ni grandes acontecimientos.

Simplemente un paisaje.

Y eso demuestra otra de las virtudes de Big Big Train: su capacidad para encontrar épica en las pequeñas cosas.

La música adopta nuevamente ese carácter pastoral que tan bien maneja la banda y que establece un diálogo constante entre el hombre y el paisaje.

“A Boy In Darkness”: la otra cara de la revolución industrial

Con “A Boy In Darkness” volvemos a las minas, pero ahora desde una perspectiva mucho más dura.

La canción parte de las historias que David Longdon conoció a través de su tío Jack sobre los niños que trabajaban en las minas durante el siglo XIX.

La imagen de un niño obligado a trabajar bajo tierra resulta estremecedora.

Aquí la oscuridad de la mina deja de ser únicamente física. Se convierte en una metáfora de la explotación, la pobreza y las contradicciones del progreso.

Inglaterra estaba construyendo una poderosa sociedad industrial, pero detrás de ese progreso existían personas que pagaban un precio enorme.

La canción consigue que esa historia del pasado tenga una lectura contemporánea.

Porque el progreso tecnológico no siempre significa progreso humano.

Musicalmente, es una de las composiciones más intensas del disco. Big Big Train utiliza los cambios de dinámica y los desarrollos progresivos para crear diferentes ambientes, reforzando la sensación de estar entrando y saliendo de esa oscuridad.

Una vez más, la técnica está al servicio de la historia.

“Hedgerow”: regresar a la luz

Y después de todo ese recorrido llegamos a “Hedgerow”, el cierre perfecto para el álbum.

Después de minas, túneles, ferrocarriles, ciudades y personajes históricos, Big Big Train vuelve a la naturaleza.

La canción vuelve a relacionarse con Uncle Jack y con su amor por el campo.

Y entonces comprendemos que quizá el paisaje sea el verdadero protagonista de todo el disco.

Las personas pasan.

Las industrias desaparecen.

Las ciudades cambian.

Pero los árboles, los caminos, los campos y los setos permanecen.

La vida continúa.

Y resulta especialmente hermoso que un disco tan relacionado con la industrialización y con la transformación de Inglaterra termine precisamente aquí, lejos del ruido de las máquinas.

Un disco que me hizo descubrir a Big Big Train

Escuchar English Electric Part One fue para mí algo más que descubrir un nuevo álbum de rock progresivo.

Fue descubrir una banda que parecía recoger muchos de los elementos que siempre había amado en Genesis, pero llevándolos hacia un territorio propio: más ligado a la historia británica, al paisaje, a la memoria y a las pequeñas historias humanas.

Y, por encima de todo, estaba David Longdon.

Su voz, sus armonías y esa manera de entrar en cada historia hicieron que Big Big Train adquiriera una dimensión especial. Su ausencia se siente todavía más cuando uno escucha estos discos y comprende todo lo que todavía podía haber aportado.

English Electric Part One fue para mí el momento en que aquel grupo que se me había escapado durante años dejó de ser una recomendación más para convertirse en uno de esos descubrimientos musicales que llegan tarde, pero llegan para quedarse.

Y quizá eso sea lo maravilloso de seguir escuchando música después de tantos años: siempre queda algún grupo, algún disco o alguna canción esperando pacientemente a que llegue nuestro momento para descubrirlo.



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