El 4 de marzo de 2022 vio la luz An Hour Before It's Dark, uno de los discos más inspirados de la última etapa de Marillion. Sin embargo, antes de comenzar a hablar de él debo hacer una confesión: cuando escribo sobre Marillion me cuesta ser objetivo. Es una de esas bandas que llevo escuchando desde hace décadas y que, disco tras disco, sigue consiguiendo emocionarme como pocas dentro del rock progresivo actual.
Hay grupos que con el paso de los años viven de su legado. Marillion pertenece a esa reducida categoría de artistas que siguen mirando hacia delante, sin miedo a evolucionar y sin perder jamás su identidad. Por eso cada nuevo lanzamiento sigue siendo para mí un acontecimiento.
El propio título del álbum, "An Hour Before It's Dark" ("Una hora antes de que oscurezca"), admite múltiples interpretaciones. Puede evocar aquella última hora de libertad que teníamos de niños antes de que nuestros padres nos llamaran para volver a casa; puede entenderse como una metáfora de la carrera contrarreloj frente a la crisis climática; o incluso representar los últimos instantes de la vida de una persona. Sea cual sea la lectura elegida, Marillion vuelve a demostrar una enorme capacidad para captar el pulso de nuestro tiempo.
Nunca han sido una banda que rehúya los asuntos incómodos. Las desigualdades sociales, la política, la pandemia, la fragilidad humana, la sanidad pública o la solidaridad aparecen aquí tratados con enorme sensibilidad, integrándose de forma natural en una música que continúa distinguiéndose por unas composiciones exquisitas, melodías memorables y un dominio absoluto de la dinámica emocional. Marillion sigue nadando contracorriente, sin plegarse a modas ni a las normas de una industria que cada vez apuesta más por la inmediatez.
Tras el extraordinario F E A R (2016) muchos pensaban que sería complicado mantener un nivel compositivo tan elevado. Sin embargo, Steve Hogarth, Steve Rothery, Mark Kelly, Pete Trewavas e Ian Mosley consiguieron entregar otra obra de enorme profundidad emocional donde las grandes protagonistas vuelven a ser las largas suites, auténticos viajes musicales que recuperan el espíritu del rock progresivo clásico adaptándolo al siglo XXI.
Aunque el álbum no desarrolla una historia lineal como un disco conceptual tradicional, todas sus composiciones están unidas por un mismo hilo conductor: la vulnerabilidad del ser humano frente a un mundo cada vez más incierto.
Cuando apareció originalmente, An Hour Before It's Dark estaba dividido en 18 pistas. Sin embargo, muchos de esos cortes no eran canciones independientes, sino capítulos pertenecientes a composiciones mucho más extensas.
Tiempo después la banda decidió publicar una nueva edición titulada An Hour Before It's Dark – Full Suites, reorganizando completamente el álbum y reduciéndolo a ocho pistas, respetando la estructura natural de las grandes composiciones. Resulta una decisión lógica, ya que permite escuchar cada suite como fue concebida originalmente, sin interrupciones artificiales.
Eso sí, hay un pequeño detalle curioso: una de esas ocho pistas apenas alcanza 39 segundos de duración, algo que rompe ligeramente la idea de presentar únicamente largas suites y que probablemente responde más a cuestiones técnicas o de secuenciación que a una necesidad artística.
Para muchos seguidores —entre los que me incluyo— esta edición resulta incluso más satisfactoria, porque permite disfrutar del disco como un conjunto continuo y mucho más cinematográfico.
La suite que abre el álbum, dividida en The Tear in the Big Picture, Lust for Luxury y You Can Learn, funciona como una llamada de atención sobre nuestra sociedad consumista.
Marillion evita cualquier tono moralizante. En lugar de señalar culpables, invita al oyente a reflexionar sobre nuestra responsabilidad individual y colectiva antes de que sea demasiado tarde. Musicalmente alterna momentos de enorme delicadeza con explosiones instrumentales donde Steve Rothery vuelve a demostrar por qué sigue siendo uno de los guitarristas más emotivos del rock progresivo.
La segunda gran suite del disco adopta un tono más enérgico.
Dividida en Invincible, Trouble-Free Life y A Cure For Us?, reflexiona sobre la obsesión contemporánea por eliminar cualquier forma de sufrimiento, por reprogramar nuestra propia naturaleza y buscar soluciones instantáneas para cualquier problema.
Las armonías vocales, los cambios dinámicos y el equilibrio entre intensidad y melodía recuerdan algunos de los mejores momentos del Marillion de las dos últimas décadas.
Si hay una composición que merece mucho más reconocimiento del que suele recibir, esa es Sierra Leone.
Dividida en Chance in a Million, The White Sand, The Diamond, The Blue Warm Air y More Than a Treasure, constituye probablemente una de las piezas más poéticas que Marillion ha compuesto en los últimos años.
Aunque toma como punto de partida la realidad de Sierra Leona, uno de los países históricamente vinculados a la extracción de diamantes, la canción nunca pretende convertirse en un discurso político. Lo que realmente interesa a la banda es reflexionar sobre aquello que la sociedad considera valioso. El diamante funciona como una poderosa metáfora de la ambición, del deseo y de la desigual distribución de la riqueza, mientras contrapone esos valores materiales a otros mucho más importantes: la dignidad, la compasión y la propia vida.
Musicalmente, la suite evoluciona de forma pausada y orgánica. Comienza con un ambiente casi contemplativo, sostenido por los teclados de Mark Kelly y la voz cálida de Steve Hogarth, para ir incorporando poco a poco nuevas capas instrumentales hasta alcanzar un clímax absolutamente conmovedor.
Steve Rothery firma aquí algunos de los solos más inspirados del álbum. No busca el virtuosismo ni la velocidad; cada nota parece elegida para reforzar la carga emocional de la historia. Su guitarra canta tanto como la propia voz de Hogarth.
Uno de los grandes aciertos de la composición es precisamente esa capacidad para mantener la tensión durante casi quince minutos sin perder nunca el interés del oyente. Cada una de sus cinco partes aporta un matiz diferente, construyendo una narrativa musical que invita a escuchar la obra completa de principio a fin.
Con el paso de los años estoy convencido de que Sierra Leone terminará ocupando un lugar junto a otras grandes composiciones largas de Marillion como Ocean Cloud, The Invisible Man, The New Kings o Gaza.
El álbum concluye con la impresionante suite Care, formada por Maintenance Drugs, An Hour Before It's Dark, Every Call y Angels On Earth.
Es, posiblemente, el momento más emotivo del disco.
Inspirada en el sacrificio del personal sanitario durante la pandemia, la obra comienza con una profunda sensación de melancolía para transformarse poco a poco en un himno lleno de esperanza. La participación del Choir Noir añade una dimensión casi espiritual a un final que pone los pelos de punta.
El mensaje es claro: los verdaderos héroes no llevan capa. Muchas veces visten una bata blanca.
Lo admirable de An Hour Before It's Dark es que jamás utiliza la duración de sus composiciones como una demostración de habilidad técnica.
Aquí no hay solos interminables ni cambios de compás gratuitos. Todo está al servicio de la emoción y de la historia que la banda quiere contar.
Steve Rothery continúa demostrando por qué sigue siendo uno de los guitarristas más expresivos del rock progresivo. Mark Kelly crea atmósferas de enorme belleza con sus teclados, mientras Pete Trewavas e Ian Mosley sostienen cada composición con una elegancia extraordinaria.
Y sobre todos ellos sobresale un inmenso Steve Hogarth, cuya interpretación vocal vuelve a situarse entre las mejores de toda su carrera.
Como ya ocurrió con Ocean Cloud, The Invisible Man, The New Kings o Gaza, las composiciones de An Hour Before It's Dark no revelan todos sus secretos en la primera escucha.
Son obras que exigen tiempo, atención y paciencia. Cada nueva audición descubre pequeños detalles de producción, nuevas líneas melódicas, arreglos vocales o matices instrumentales que habían pasado desapercibidos.
Quizá esa sea la mayor virtud de Marillion en pleno siglo XXI. Han entendido que el rock progresivo no consiste en acumular cambios de ritmo o demostrar virtuosismo técnico, sino en emocionar, en construir historias que permanezcan en la memoria mucho después de que termine la música.
Y vuelvo al principio de este artículo. Ya os avisé de que cuando hablo de Marillion me cuesta ser objetivo. Es una de las pocas bandas actuales capaces de emocionarme con cada nuevo trabajo como lo hacían los grandes discos de los años setenta. An Hour Before It's Dark – Full Suites no solo confirma que el grupo sigue atravesando un magnífico momento creativo; también demuestra que, después de más de cuarenta años de carrera, continúan componiendo algunas de las mejores suites del rock progresivo contemporáneo. Para quienes disfrutamos escuchando la música como un viaje y no como una simple colección de canciones, este álbum es una auténtica obra de arte.
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