Deep Purple – "Arrogant Boy": cuando las leyendas vuelven a rugir

 

          


Deep Purple – "Arrogant Boy": cuando las leyendas vuelven a rugir

Hay grupos de los que nunca esperas un mal disco, pero tampoco te haces demasiadas ilusiones cuando anuncian uno nuevo. Con el paso de los años es inevitable pensar que la inspiración ya no puede ser la misma y que todo acabará sonando a una versión desvaída de un pasado irrepetible.

Eso mismo me ocurrió esta semana.

Al abrir mi reproductor de música en streaming apareció una notificación anunciando que Deep Purple, una de las bandas que marcaron mi juventud, acababa de publicar un nuevo álbum. Poco queda por decir de un grupo cuya historia está escrita con letras de oro en el hard rock. Son responsables de algunos de los discos más importantes de los años setenta y autores de himnos inmortales como "Highway Star", "Child in Time", "Smoke on the Water" o "Lazy".

Reconozco que pulsé el botón de reproducción con más curiosidad que entusiasmo. Dejé a un lado los prejuicios y pensé: vamos a escuchar el primer tema y veremos por dónde van los tiros.

No estaba preparado para lo que iba a escuchar.

"Arrogant Boy": un comienzo demoledor

Desde los primeros segundos de "Arrogant Boy" tuve la sensación de estar escuchando a unos Deep Purple rejuvenecidos. El riff de guitarra, el empuje de la base rítmica y esa sensación de velocidad controlada me hicieron viajar inmediatamente a la época dorada de la banda.

Por momentos recordé la energía de "Highway Star". No porque la canción copie aquella obra maestra, sino porque transmite la misma sensación de libertad, fuerza y diversión que hizo grande al grupo a principios de los años setenta.

Simon McBride vuelve a demostrar que no ha llegado para sustituir a Steve Morse, sino para aportar su propia personalidad. Su guitarra combina potencia, elegancia y ese punto de agresividad que la música de Deep Purple necesitaba para sonar nuevamente tan fresca.

La sección formada por Roger Glover e Ian Paice sigue funcionando como una maquinaria perfectamente engrasada, mientras Don Airey llena cada espacio con ese inconfundible sonido Hammond que forma parte del ADN de la banda.

Y, sorprendentemente, Ian Gillan continúa defendiendo las canciones con una autoridad admirable. Evidentemente el tiempo ha dejado huella en su voz, pero también le ha otorgado una expresividad que pocos cantantes conservan después de más de cincuenta años de carrera.

SPLAT!: volver a tocar como una banda

Una de las claves del álbum reside en que Deep Purple ha vuelto a trabajar con Bob Ezrin, productor de sus últimos discos y responsable de haber recuperado gran parte de la esencia del grupo.

En lugar de construir las canciones mediante interminables capas de estudio, Ezrin apostó por reunir a la banda tocando junta, exactamente igual que en los años en que grabaron sus álbumes clásicos.

Ese método devuelve espontaneidad a las interpretaciones. Las canciones respiran, los músicos interactúan constantemente y la sensación de estar escuchando a una banda tocando en directo resulta evidente desde el primer corte.

El propio Ian Gillan resumía perfectamente esa filosofía al afirmar que el nuevo material posee la dinámica, el equilibrio y la diversión que caracterizaron al grupo entre 1969 y 1973.

Y, sinceramente, cuesta llevarle la contraria después de escuchar "Arrogant Boy".

El disco más contundente de los últimos años

Una de las primeras impresiones que deja SPLAT! es su contundencia.

Sin renunciar a la melodía ni a la elegancia que siempre ha caracterizado a Deep Purple, el álbum recupera una intensidad que muchos echábamos de menos. Las guitarras tienen más peso, la batería golpea con decisión y los teclados vuelven a ocupar un lugar protagonista en lugar de limitarse a acompañar.

No se trata de sonar modernos ni de competir con las bandas actuales. Deep Purple simplemente vuelve a sonar como Deep Purple.

Y eso, después de más de medio siglo de historia, tiene muchísimo mérito.

Un concepto que va más allá del rock

Aunque musicalmente el disco desprende energía, su concepto resulta sorprendentemente filosófico.

La idea original parte de Ian Gillan, que propone contemplar el final no como una destrucción inevitable, sino como una transformación.

En lugar de presentar un escenario apocalíptico al uso, SPLAT! plantea la desaparición de la humanidad como un proceso de cambio, una evolución hacia otra forma de existencia. Es una reflexión sobre el tiempo, la mortalidad y la capacidad de reinventarse.

Curiosamente, esa idea también parece describir a la propia banda.

Después de tantas décadas, tantos cambios de formación y tantas despedidas anunciadas, Deep Purple sigue transformándose sin perder su identidad. Lejos de vivir únicamente de la nostalgia, continúa encontrando nuevas formas de sonar convincente.

Cuando las leyendas todavía tienen cosas que decir

Escuchar SPLAT! ha sido una de las sorpresas musicales más agradables del año. Empecé la escucha esperando un ejercicio de nostalgia y terminé encontrándome con una banda llena de energía, con ganas de tocar y, sobre todo, con canciones que funcionan por sí mismas.

Si "Arrogant Boy" sirve como carta de presentación del álbum, Deep Purple demuestra que todavía conserva esa capacidad para escribir riffs memorables y transmitir la electricidad que convirtió al grupo en uno de los pilares fundamentales del hard rock.

No sé si este disco alcanzará el estatus de clásicos como Machine Head, In Rock o Made in Japan. Eso solo lo decidirá el tiempo. Pero sí puedo decir una cosa: hacía muchos años que un tema nuevo de Deep Purple no conseguía hacerme sonreír desde la primera escucha.

Y eso, tratándose de una banda con casi sesenta años de historia, ya es todo un logro.

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