Steve Howe y Steve Hackett: los dos arquitectos de seis cuerdas que dieron forma al rock progresivo

        
                              


        


Steve Howe y Steve Hackett: los dos arquitectos de seis cuerdas que dieron forma al rock progresivo

Cuando se habla de los grandes teclistas del rock progresivo, suelen aparecer nombres legendarios como Rick Wakeman, Keith Emerson o Tony Banks. Sin embargo, pocas veces se recuerda que buena parte de la personalidad sonora de aquel movimiento nació también de las guitarras. Y entre todas ellas destacan dos nombres que ayudaron a definir el ADN mismo del progresivo clásico: Steve Howe y Steve Hackett.

Ambos llegaron a sus respectivas bandas en momentos decisivos. Howe se incorporó a Yes en 1970, cuando el grupo buscaba una identidad más ambiciosa y compleja. Un año después, Hackett entró en Genesis para sustituir a Anthony Phillips y aportar nuevas posibilidades a una formación que comenzaba a construir los relatos musicales que convertirían a Peter Gabriel y compañía en una referencia absoluta del género.

Lo curioso es que, aunque sus estilos parecen opuestos en muchos aspectos, ambos compartían una misma visión: la guitarra podía ser mucho más que un instrumento de acompañamiento o una máquina de riffs. Podía convertirse en un vehículo narrativo, capaz de pintar paisajes, crear atmósferas y dialogar de igual a igual con teclados, voces y secciones instrumentales complejas.

Dos caminos distintos hacia una misma revolución

A principios de los años setenta el rock progresivo estaba ampliando las fronteras de la música popular. Las canciones crecían en duración, incorporaban elementos de la música clásica y del jazz, y exigían a los músicos una imaginación poco común.

En ese contexto, tanto Howe como Hackett comprendieron que la guitarra podía explorar territorios desconocidos.

Los dos otorgaron un papel fundamental a la guitarra acústica, algo poco habitual en una época dominada por la electrificación y los grandes amplificadores. Para ellos, una pieza acústica no era un simple descanso entre canciones épicas; era una declaración artística.

También compartían una curiosidad insaciable por las posibilidades técnicas del instrumento. Experimentaron con armónicos, técnicas híbridas de fingerpicking, nuevos efectos y recursos expresivos que más tarde serían adoptados por generaciones posteriores de guitarristas.

Y, sobre todo, ambos entendían el virtuosismo como una herramienta creativa y no como un simple ejercicio de exhibición. Su objetivo no era tocar más rápido que nadie, sino encontrar la nota adecuada para cada momento.

               

Steve Howe: el arquitecto barroco

Escuchar a Steve Howe es como contemplar una catedral gótica construida nota a nota.

Su estilo parece absorber influencias de todas partes: el country de Chet Atkins, el jazz manouche de Django Reinhardt, el rockabilly de los años cincuenta, la guitarra clásica y el rock británico de finales de los sesenta.

El resultado es un lenguaje extraordinariamente rico.

Mientras otros guitarristas construían solos lineales, Howe desarrollaba auténticas arquitecturas musicales. Sus líneas melódicas parecen avanzar simultáneamente en varias direcciones, creando una sensación de movimiento constante. Sus arpegios son luminosos, sus acordes complejos y sus cambios de dinámica imprevisibles.

En discos fundamentales de Yes como Fragile o Close to the Edge, su guitarra se convierte en un elemento tan importante como la voz de Jon Anderson o los teclados de Rick Wakeman.

Howe no ocupa espacios: los construye.

Su versatilidad resulta asombrosa. Puede pasar de un pasaje de inspiración bluegrass a una sección de jazz, introducir una guitarra lap steel y regresar inmediatamente a una delicada pieza clásica sin que nada parezca forzado.

Por eso muchos lo consideran uno de los músicos más completos que ha dado el rock progresivo.

Steve Hackett: el pintor de atmósferas

Si Howe es un arquitecto, Steve Hackett es un pintor.

Su enfoque es menos exuberante y más emocional. Allí donde Howe despliega una cascada de ideas, Hackett prefiere sugerir. Donde uno llena el espacio de detalles, el otro deja que el silencio forme parte de la composición.

Su sonido está profundamente ligado a la atmósfera.

Las influencias clásicas, especialmente Bach, aparecen constantemente en su forma de frasear. También existe una sensibilidad cercana al flamenco y una inclinación por los paisajes sonoros cinematográficos que más tarde se convertirían en una de sus señas de identidad.

Hackett fue además un innovador técnico. Mucho antes de que Eddie Van Halen popularizara el tapping, él ya estaba explorando esa técnica dentro del contexto progresivo. Sin embargo, nunca convirtió esos avances en un espectáculo vacío. En sus manos, la innovación estaba siempre al servicio de la emoción.

Escuchar el célebre solo de "Firth of Fifth" es comprender esa filosofía. Cada nota parece cuidadosamente elegida para aumentar la intensidad dramática de la pieza. No hay exceso. No hay prisa. Solo una construcción melódica perfecta que sigue emocionando medio siglo después.

Las guitarras que transformaron Yes y Genesis

La llegada de Steve Howe supuso una auténtica revolución para Yes.

Con él, la banda pasó de ser un prometedor grupo británico a convertirse en una de las formaciones más creativas del planeta. Temas como "Roundabout", "Starship Trooper" o "Yours Is No Disgrace" muestran hasta qué punto su guitarra redefinió el sonido del grupo.

            

En Genesis ocurrió algo similar.

La incorporación de Steve Hackett elevó considerablemente el nivel técnico y compositivo de la banda. Álbumes como Foxtrot, Selling England by the Pound, The Lamb Lies Down on Broadway, A Trick of the Tail o Wind & Wuthering forman parte del canon absoluto del rock progresivo, y en todos ellos la guitarra de Hackett desempeña un papel esencial.

Muchos seguidores consideran que su marcha en 1977 marcó el final de la era más progresiva y aventurera de Genesis.

"Clap" y "Horizons": dos retratos de sus almas musicales

Pocas comparaciones resultan tan reveladoras como la de "Clap" y "Horizons".

Ambas son piezas acústicas breves, instrumentales y aparentemente sencillas. Sin embargo, contienen la esencia completa de sus autores.

"Clap", incluida en The Yes Album (1971), es una explosión de energía y optimismo. Inspirada inicialmente por Chet Atkins, mezcla ragtime, bluegrass y country con una ejecución vertiginosa. Howe despliega una asombrosa combinación de precisión, velocidad y sentido rítmico. La pieza transmite alegría y movimiento, como si cada cuerda celebrara la libertad del instrumento.

"Horizons", aparecida en Foxtrot (1972), representa exactamente el polo opuesto. Inspirada en las suites para violonchelo de Bach, es una miniatura delicada y contemplativa. Cada arpegio parece suspendido en el aire. La melodía fluye con serenidad, creando una sensación de espacio infinito que anticipa la monumental "Supper's Ready".

Escuchadas una tras otra, estas composiciones resumen perfectamente la diferencia entre ambos músicos.

"Clap" sonríe.

"Horizons" sueña.

               

Una colaboración que parecía inevitable

Durante años los aficionados imaginaron cómo sonaría un proyecto que uniera a los dos grandes guitarristas del progresivo. Finalmente ocurrió en los años ochenta con GTR, una formación que buscaba acercarse a un sonido más accesible y orientado al rock de estadios.

Aunque el proyecto no alcanzó la trascendencia artística de Yes o Genesis, permitió contemplar algo extraordinario: dos de las voces guitarrísticas más importantes del progresivo compartiendo escenario y estudio.

Y, una vez más, quedó claro que no competían entre sí.

Se complementaban.

El legado de dos visionarios

Más de cincuenta años después de sus primeras grabaciones con Yes y Genesis, Steve Howe y Steve Hackett siguen siendo referentes para músicos de todo el mundo.

No solo por su técnica, que continúa impresionando, sino porque demostraron que la guitarra podía convertirse en una herramienta de exploración artística ilimitada.

Howe aportó complejidad, diversidad y una imaginación desbordante.

Hackett aportó emoción, profundidad y una sensibilidad casi cinematográfica.

Juntos representan dos caras de una misma moneda: la capacidad del rock progresivo para unir virtuosismo y belleza, ambición y sentimiento.

Por eso, cuando se escucha la exuberancia de "Clap" o la delicada melancolía de "Horizons", no solo se oyen dos guitarristas excepcionales. Se escucha el sonido de una época en la que la música parecía no tener fronteras y en la que dos Steves contribuyeron decisivamente a ensancharlas para siempre.

            





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