Mike Oldfield - Ommadawn (1975)

                                                  


           

Llevo ya unos años con este blog y, con el tiempo, me he dado cuenta de que todavía no había traído por aquí uno de los discos que más me han marcado desde mi juventud, y además de uno de los músicos que más admiro. Hablo, cómo no, de Mike Oldfield y de su obra Ommadawn.

Un disco que, junto a Tubular Bells, estaría sin dudarlo entre aquellos que me llevaría a una isla desierta o a un búnker del que no pudiera salir. Ommadawn es uno de esos álbumes que empiezas a escuchar y no paras hasta que la aguja se levanta del vinilo. No admite interrupciones: es una experiencia completa, absorbente, en la que la música te atrapa de forma total.

Es un disco al que siempre regreso, cada cierto tiempo, y que en cada nueva escucha vuelve a sorprenderme, a revelarme matices distintos y a atraparme de nuevo, como si nunca se dejara conocer del todo.

🌅 Ommadawn (1975): caos, tecnología y magia en el amanecer de Mike Oldfield

Cuando Mike Oldfield comenzó a dar forma a Ommadawn, lo hizo desde un lugar de aislamiento, incertidumbre y desgaste emocional. Tras la fama repentina de Tubular Bells y la recepción más tibia de Hergest Ridge, Oldfield se retiró a su mansión-estudio The Beacon, en el pequeño pueblo de Kington, en la frontera entre Inglaterra y Gales. Allí, lejos de Londres y de las expectativas de la industria, intentó recomponerse creativamente.

Nada fue sencillo.

                 


🎛️ Problemas técnicos y grabaciones perdidas

Durante la grabación de la primera parte de Ommadawn, Oldfield sufrió serios fallos técnicos con el equipo de grabación. La cinta original estaba defectuosa y excesivamente gastada, lo que obligó a borrar y volver a grabar toda la primera sección del álbum. En ese momento, el músico llegó a plantearse seriamente abandonar el proyecto o regrabar la obra desde cero , afortunadamente escogió la segunda opción.

A esto se sumaba la dificultad de registrar las múltiples capas de sonido que exigía la composición. Junto a Leslie Penning y William Murray, Oldfield trabajó en condiciones casi artesanales, muy lejos de los estándares digitales actuales. Grabar Ommadawn fue, en palabras de algunos colaboradores, “verse negras” cada día.

Y sin embargo, pese a su atmósfera campestre y orgánica, Ommadawn fue una auténtica proeza tecnológica para 1975.


🧪 Un estudio construido a medida

Oldfield convenció a Virgin Records para que le construyeran un pequeño estudio de 24 pistas en The Beacon, donde grabó prácticamente todo el álbum. Con la ayuda del ingeniero Phil Newell, se logró una convivencia perfecta —aunque caótica— entre:

  • Teclados y sintetizadores

  • Las guitarras características de Oldfield

  • Bajo, banjo, bouzouki, bodhrán, órgano, glockenspiel, arpa, mandolina, voces y percusiones

  • Percusión africana del sudafricano Julian Bahula

  • Voces de Sally Oldfield, Clodagh Simmonds y Bridget St. John

  • Instrumentos clásicos como chelo y trompeta

  • Flautas de Terry Oldfield y Leslie Penning

  • Y la gaita irlandesa (uilleann pipes) de Paddy Moloney, líder de The Chieftains

Que todo esto acabara encajando roza lo milagroso.


🎭 Caos creativo y decisiones dolorosas

Algunos colaboradores han revelado el desorden creativo que rodeó la grabación.
Paddy Moloney aseguró que grabó su parte a última hora y alegremente embriagado.
Phil Newell confesó, desesperado, que fue obligado a borrar melodías de guitarra extraordinarias porque Oldfield temía una mala recepción por parte de la crítica.

Aun así, Ommadawn sobrevivió.

Y más que eso: floreció.

🎼 Ommadawn – Análisis de la Parte 1 y Parte 2

La Parte 1 comienza con una melodía contemplativa, donde las guitarras acústicas y los sintetizadores se entrelazan para crear una atmósfera tenebrista y envolvente, sostenida por coros profundos que flotan en segundo plano. Desde el inicio, la música invita a la introspección, casi como si estuviéramos ante un ritual antiguo.

Poco a poco, el ritmo se vuelve más firme y la guitarra acústica toma el protagonismo, dibujando una melodía preciosa y serena que abre paso a movimientos cada vez más luminosos y optimistas. No tarda en aparecer la firma inconfundible de Oldfield: una línea de guitarra clara y emotiva, al más puro estilo del músico, que guía el desarrollo central de la pieza.

Hacia la mitad del tema, los coros —hasta entonces discretos— ganan presencia, envolviendo la música con mayor intensidad, para que de nuevo Oldfield se luzca en uno de los momentos más sublimes del álbum. Su guitarra alcanza aquí una expresividad extraordinaria, antes de desembocar en una larga sección progresiva marcada por recitaciones vocales y tambores, donde la obra adquiere un carácter casi ceremonial.

El delicado inicio pastoral evoluciona así hacia una apoteosis final, culminada por una guitarra eléctrica monstruosa, desbordada y visceral. El propio Oldfield interpretó este clímax como una metáfora del nacimiento de la obra, cargada de una violencia emocional que también refleja el dolor reciente por la muerte de su madre, ocurrida poco antes de la grabación. El resultado es un final intenso y profundamente catártico.


La Parte 2 se inicia con un movimiento lento y saturado, tan cargado de capas de sonido que, durante los primeros instantes, cuesta incluso distinguir la melodía principal. Este comienzo recuerda claramente a pasajes de su anterior trabajo, Hergest Ridge, tanto por su densidad como por su carácter expansivo.

Tras ese auténtico muro sonoro, llega la calma. Aparece una larga y suave sección de guitarra, de gran delicadeza, a la que se suma la gaita irlandesa, conduciendo de nuevo al tema principal, esta vez interpretado con un aire medieval y ancestral, profundamente evocador.

En la parte final, la serenidad se disuelve y emerge de nuevo el Oldfield más reconocible: su estilo personal de tocar la guitarra rompe la quietud y da paso a otro de los momentos memorables del álbum, donde emoción, técnica y personalidad se funden de manera natural.


                                        Making Of Ommadawn TV Documentary 

               

El álbum se cierra con “On Horseback”, una canción infantil que a menudo no figura en la contraportada original. Mike canta acompañado por un coro de niños y efectos sonoros casi galácticos, rompiendo deliberadamente la solemnidad previa y cerrando el viaje con una sonrisa inesperada, humana y liberadora.


🎄 In Dulci Jubilo y la promoción

Como parte de la promoción, en octubre de 1975 se lanzó el single “In Dulci Jubilo”. Con Leslie Penning en la flauta y William Murray en el tambor, el tema alcanzó el puesto nº4 en listas y se convirtió en uno de los mayores éxitos de Oldfield.

Su popularidad fue tal que aún hoy es habitual escucharlo cada Navidad en radios y centros comerciales. La cara B del single fue, nuevamente, On Horseback.


Un milagro sonoro

Que Ommadawn exista —y siga viva— es casi un milagro.
Una historia de amor entre el folclore irlandés, la percusión africana y el espíritu del rock, creada en medio del caos, la fragilidad emocional y las limitaciones técnicas.

En esa época, Mike Oldfield parecía tocado por una varita mágica.

Y Ommadawn es su amanecer más humano.






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