Boston, agosto de 1976: cuando un sótano sonó más grande que la industria - More Than a Feeling

 

🎸 Boston, agosto de 1976: cuando un sótano sonó más grande que la industria

Agosto de 1976. El rock estaba en plena efervescencia: guitarras por todas partes, estadios llenos, excesos, ruido. Y, sin embargo, uno de los discos más importantes de ese año no nació en un gran estudio, ni entre productores estrella, ni bajo focos cegadores.
Nació en un sótano.

Tom Scholz bajaba cada noche las escaleras de su casa después de trabajar todo el día en Polaroid. Ingeniero del MIT, metódico hasta la obsesión, poco amigo del circo del rock. Allí abajo, rodeado de cables, amplificadores modificados por él mismo y grabadoras rudimentarias, no buscaba fama: buscaba el sonido perfecto que tenía en la cabeza.

Boston no era todavía una banda en el sentido clásico. Era más bien una idea, una visión. Brad Delp ponía la voz —una voz enorme, luminosa, casi irreal— y Scholz construía el paisaje sonoro con paciencia quirúrgica. Guitarras capa sobre capa, armonías que parecían flotar, melodías pensadas para quedarse a vivir en la memoria.

Durante años enviaron demos a discográficas. La respuesta fue casi siempre la misma:
“Esta banda no tiene nada que ofrecer.”
Y, sin embargo, lo que no veían era que aquellas cintas caseras ya contenían algo distinto.

Cuando Epic Records finalmente firmó al grupo, exigió lo de siempre: estudio profesional, productor, método industrial. Scholz aceptó… pero solo en apariencia. En California mezcló, maquilló, añadió detalles, pero el corazón del disco seguía siendo el del sótano. Fue un pequeño acto de rebeldía silenciosa: engañar a la industria con calidad.

Y entonces ocurrió lo inevitable.

More Than a Feeling empezó a sonar en la radio y ya no se fue nunca.
Peace of Mind confirmó que aquello no era casualidad.
Hitch a Ride mostró que detrás del éxito había profundidad y ambición.

More Than a Feeling: cuando la música se convierte en recuerdo

Hay discos que te empiezan a gustar antes incluso de escucharlos, tan solo por su portada. En los años 70, el arte de las cubiertas de los vinilos se cuidaba muchísimo: no eran simples envoltorios, sino auténticas obras de arte que invitaban a soñar, imaginar y viajar.

Artistas como Roger Dean se encumbraron a lo más alto con la confección de portadas, especialmente las del grupo Yes, que parecían salidas de mundos imaginarios, llenos de paisajes imposibles y fantasía. En esa misma tradición visual se inscribe el debut de Boston, un disco que entra por los ojos de manera inmediata.

La portada de Boston siempre me ha gustado mucho. A primera vista parece que estamos viendo platillos volantes surcando el espacio, pero si miramos con atención descubrimos el detalle genial: en realidad son guitarras al revés, convertidas en naves espaciales que sobrevuelan un planeta. Una imagen poderosa, original y muy acorde con el sonido épico y envolvente que contiene el álbum.

              

Y es ahí donde aparece “More Than a Feeling”, una canción que no pertenece a una época concreta, sino a un estado del alma. Lanzada en 1976, se convirtió rápidamente en un himno y, casi cincuenta años después, sigue resonando con la misma fuerza emocional.

Desde sus primeros acordes, la canción construye una atmósfera que mezcla nostalgia, esperanza y libertad. El riff inicial no solo atrapa al oyente: lo invita a viajar. Un viaje hacia recuerdos personales, momentos vividos y sensaciones que parecían dormidas. Esa es una de las grandes virtudes de Boston: convertir el sonido en emoción pura.

La letra gira en torno a un recuerdo evocado por la música. El protagonista escucha una canción en la radio y, de pronto, es arrastrado hacia el pasado, hacia una persona amada y un tiempo que ya no existe. No se trata solo de añoranza, sino de cómo la música actúa como un puente entre el presente y la memoria, despertando sentimientos que parecen más reales que la propia realidad.

Uno de los grandes pilares del tema es la voz de Brad Delp: clara, potente y emocionalmente honesta. Su interpretación transmite melancolía y grandeza a la vez, elevando la canción hasta convertirla en algo casi atemporal. Todo está medido al detalle, fruto de la obsesión sonora de Tom Scholz, que logró un debut impecable tanto en lo musical como en lo conceptual.

Al final, “More Than a Feeling” demuestra que hay canciones que no se limitan a sonar bien. Hay canciones que se quedan contigo, que activan recuerdos y emociones profundas. Porque no es solo una canción… es, literalmente, más que un sentimiento.




El disco explotó. Millones de copias, listas de éxitos, estadios llenos. Pero lo más curioso era que, en un año tan fértil para el rock, Boston sonaba distinto. No era sucio ni excesivo. Era melódico, limpio, casi perfecto, sin perder emoción. Un equilibrio rarísimo.

Boston demostró que no hacía falta gritar para ser enorme. Que la épica también podía construirse con precisión, paciencia y belleza. Que un sótano podía sonar más grande que cualquier estudio de lujo.

Cincuenta años después, el disco sigue ahí. Tal vez porque no pertenece solo a 1976. Pertenece a ese lugar donde viven las canciones que te acompañan toda la vida.
Y pocas lo hacen como More Than a Feeling: una canción que no envejece, porque no habla del tiempo… habla de la memoria.



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