Tsode - Totum

        



               

 

De nuevo me encuentro con una de esas gratas sorpresas que hacen que seguir descubriendo música merezca la pena. En este ya avanzado 2026, entre recomendaciones dispersas por la red y listas interminables de discos pendientes, apareció en mi radar un álbum que llevaba tiempo esperando su turno: Totum, de Tsode.

Había leído comentarios muy elogiosos sobre este trabajo, pero ya sabemos que las palabras se quedan cortas hasta que uno se sienta, le da al play y escucha de verdad. Confieso que, en un primer momento, ciertas atmósferas me llevaron inevitablemente a pensar en Mike Oldfield, y durante unos minutos llegó a cruzarse por mi cabeza la idea de estar ante otro homenaje más. Nada más lejos de la realidad.

Porque, aunque existen ecos y referencias reconocibles, Totum posee una personalidad propia muy marcada. Y lo más sorprendente es que, pese a tratarse de una obra de 65 minutos de duración, el viaje resulta extraordinariamente fluido y fácil de asimilar, al menos para quien escribe estas líneas. Un disco largo, sí, pero que se escucha con una naturalidad que hace que el tiempo pase casi sin darse cuenta.

Totum, el nuevo trabajo del compositor cordobés Jesús Valenzuela, conocido artísticamente como Tsode, no es un álbum al uso. Es una declaración de intenciones, una obra que se sitúa deliberadamente a contracorriente del ritmo acelerado con el que hoy se consume la música. Publicado en todas las plataformas digitales, este proyecto se convierte en un hito dentro del panorama musical español al tratarse de la composición más extensa lanzada en ‘streaming’ por un artista nacional, con una duración de 65 minutos continuos.

Lejos de fragmentarse en canciones independientes, Totum se presenta como una única pieza sonora, pensada para ser escuchada de principio a fin, sin interrupciones. La propuesta exige algo cada vez más escaso: tiempo, atención y escucha consciente. Tsode invita al oyente a sumergirse en un viaje emocional completo, donde la música fluye como un organismo vivo que evoluciona, respira y se transforma.

La semilla de este ambicioso proyecto se remonta a 1990, cuando Valenzuela descubrió Amarok, el célebre álbum de Mike Oldfield compuesto por una sola pista. Aquel impacto quedó latente durante décadas hasta cristalizar en Totum, no como una imitación, sino como un reto personal y artístico. El objetivo era claro: crear una obra extensa, unitaria y libre, alejada de la lógica del consumo inmediato y del dominio absoluto del single.

En ese sentido, Totum funciona también como una protesta creativa frente a la industria musical actual, marcada por la inmediatez y la brevedad. Apostar por una composición de más de una hora es reivindicar la música como experiencia artística total, no como simple contenido desechable.

El álbum se abre con una potente narración a cargo del actor de doblaje Claudio Serrano, cuya voz introduce una reflexión poética sobre la música como fuerza universal, presente en la naturaleza, el cosmos y el ser humano. Tras ese primer minuto y medio, la palabra se desvanece y la música toma el control absoluto, desplegando un universo sonoro rico y cambiante.

A lo largo de la obra, Tsode construye un mosaico estilístico donde conviven con naturalidad el rock progresivo, la música electrónica clásica, el ambient, el new age, los paisajes orquestales y cinematográficos, e incluso matices celtas y neoclásicos. Cada sección aporta un nuevo color, una nueva emoción, sin romper nunca la coherencia del conjunto.

Este enfoque se ve reforzado por la participación de músicos de primer nivel, tanto nacionales como internacionales. Entre ellos destacan Daniel Minimalia (ganador de un Grammy Latino), Rubén Álvarez (guitarrista en la gira europea del 50 aniversario de Tubular Bells), Pepe Benlloch, pionero del new age en España, o Elvira García, gaitera y flautista habitual en proyectos de Carlos Núñez. Junto a ellos, una amplia nómina de intérpretes aporta matices e instrumentación a una obra concebida como un lenguaje musical único y compartido.

Tsode insiste en que Totum no es un collage ni un remix, sino una composición unitaria, donde cada aportación encaja en una estructura previamente concebida. El resultado es una pieza fluida, con   un desarrollo entre las partes muy fluido y elegante  que me  recuerdan a músicos como Oldfield, Vangelis, Jean-Michel Jarre o Joël Fajerman pero con una identidad propia clara y reconocible.

Durante sus 65 minutos, la música alterna momentos de introspección, explosiones de energía visceral y pasajes de conexión espiritual, sin dejar espacio al aburrimiento. Guitarras, teclados, flautas y gaitas dialogan constantemente, creando una sensación de movimiento continuo que hace que el tiempo pase casi sin darse cuenta.

Con Totum, Jesús Valenzuela culmina una evolución iniciada en 2016 con Yggdrasil y desarrollada en trabajos como Brainstorming, Six, Corduba: Mitos y Leyendas o Sound Polarities. Este nuevo álbum no solo representa su proyecto más ambicioso hasta la fecha, sino también una defensa apasionada de la música como arte total, como un todo interconectado donde cada sonido tiene sentido dentro de una sinfonía universal.



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