Jethro Tull – “Living in the Past” y “Life Is a Long Song”

    



      

 

Jethro Tull – “Living in the Past” y “Life Is a Long Song”: dos joyas en un disco irrepetible

¡Hola, rockeros de las finas hierbas!
Si seguís este rincón desde hace un tiempo, recordaréis mi entrega anterior sobre Living in the Past de Jethro Tull (podéis leerla aquí https://rockpopotrasfinashierbas.blogspot.com/2015/03/jethro-tull-living-in-past.html), donde me desahogué sobre el shock adolescente que me provocó aquella primera escucha. Ese instante en el que “A Song for Jeffrey” me voló la cabeza.

Para un chaval de la época, tener en las manos un recopilatorio doble que reuniera tantos momentos clave de Jethro Tull era casi un acto de magia: un resumen perfecto de todo lo que Ian Anderson y compañía habían construido hasta entonces.

Y entonces, después de ese boom inicial que me supuso la escucha de A Song for Jefrey , el disco siguió desplegando sus trucos. Parecían canciones “fáciles”, de esas que entran por los oídos sin pedir permiso, pero ahí estaba el truco de Jethro Tull: esa aparente simplicidad que te engancha como una hiedra y te estrangula con emoción.
Hoy, fiel a mi promesa de ir desgranando este tesoro, me voy a centrar en dos joyas que me marcaron especialmente: la que da título al álbum, un hit improbable en 1969, y una balada folk etérea que parece salida de un cuento de hadas oscuro.
Preparad los auriculares, porque vamos a desmenuzar “Living in the Past” y “Life Is a Long Song”. Dos temas que, en su brevedad, encapsulan todo lo que hace grande a Ian Anderson y su pandilla.

            


Un recopilatorio convertido en cápsula del tiempo

Ya lo conté en la publicación anterior: Living in the Past fue una experiencia que no olvidaré jamás. Para un adolescente que esperaba un nuevo álbum de estudio tras el terremoto de Thick as a Brick, enterarse de que venía un doble recopilatorio fue casi una traición. Pero no duró mucho: en cuanto tuve el objeto entre las manos supe que aquello era otra cosa.

Publicado en 1972, reunía singles, caras B, tomas descartadas, material del EP Life Is a Long Song (1971) y dos grabaciones en vivo del Carnegie Hall de 1970. Era, literalmente, un mapa del tesoro para cualquier fan.

Y luego estaba ese formato original imposible: estuche duro, con ese color que parecía forrado en terciopelo marrón, dos LPs dentro y un libreto grapado de más de 70 fotografías de la banda entre 1968 y 1972. Ian Anderson saltando a la pata coja, Martin Barre empuñando su Gibson, John Evan rodeado de teclas… y un texto introductorio escrito por Ian que empezaba así:
«Este no es un álbum nuevo, es una excusa para sacar fotos caras».
Un genio.

Ese recopilatorio me permitió tener reunidos muchos de los mejores momentos de Jethro Tull sin necesidad de perseguir rarezas imposibles. Fue un atajo mágico, un resumen perfecto.


1. “Living in the Past” – El himno cojo que baila en 5/4

El single de 1969 ya era una rareza desde su nacimiento: un tema en 5/4 que, contra toda lógica, llegó al número 3 de las listas británicas. Improbable, elegante, irresistible.

Todo empieza con un riff de bajo memorable, casi juguetón, que instala el groove sin que te des cuenta de que estás caminando sobre un compás “cojo”. Después llega la flauta de Anderson, en modo pícaro, serpenteando entre las notas como si diera pequeños saltos. Y cuando entra la voz, uno siente que la canción te sonríe… pero con un puntito de nostalgia.

La magia es esa mezcla de ligereza y sofisticación:
un tema difícil que suena fácil, un truco que solo Jethro Tull sabían hacer.

Cada vez que lo escucho, vuelvo a ese instante en el que entendí que la música también puede jugar contigo sin que te des cuenta.

           


2. “Life Is a Long Song” – Una miniatura folk que se deshace como humo

Y luego estaba esta otra joya, escondida entre tanto material brillante: “Life Is a Long Song”.

Incluida originalmente en el EP del mismo nombre de 1971, es una pieza breve y perfecta, construida alrededor de una guitarra acústica luminosa y una flauta en estado puro. La voz de Ian suena cercana, íntima, como si estuviera sentado frente a ti con la guitarra apoyada en la rodilla.

La letra es un pequeño poema sobre la vida y el paso del tiempo:
la existencia como una canción larga compuesta de fragmentos cortos, sencillos, fugaces. Momentos que aparecen y desaparecen, pero que van dibujando una melodía más grande.

No dura mucho, pero deja un eco emocional que acompaña durante horas.          


Alquimia sonora en dos direcciones

Living in the Past no fue la “traición” que temía tras Thick as a Brick; fue un regalo envuelto en terciopelo, un mapa de tesoros que me permitió navegar la discografía de Tull sin perderme.

Temas como estos dos —el himno en 5/4 que se mueve como un equilibrista y la balada folk que se deshace como humo— son la prueba de la alquimia de la banda:
rock que parece simple, pero que te cambia por dentro.

Si estáis en uno de esos momentos en que la nostalgia pica, poned el disco entero, cerrad los ojos y dejad que os lleve de vuelta a vuestros propios recreos perdidos.

                   


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