Getting Away With It (All Messed Up): el himno imperfecto y luminoso de James
Cuando se habla de la banda británica James, muchos piensan en clásicos como “Sit Down”, “Laid” o “Come Home”. Pero hay una canción que, sin arrastrar el peso del megaéxito, ha logrado convertirse en una de las piezas más queridas por los fans y una de las más representativas de la identidad del grupo: “Getting Away With It (All Messed Up)”.
Lanzada en 2001 como single del álbum Pleased to Meet You, esta canción marcó un punto clave en la historia de James: el final de una etapa y, a la vez, el nacimiento de un nuevo mito.
Un cierre que suena a triunfo
“Getting Away With It (All Messed Up)” salió a la luz en un momento delicado: era el último álbum de James antes de la primera salida de su carismático vocalista Tim Booth en 2001. Lo que podría haber sido un disco de despedida silenciosa terminó convirtiéndose en una de sus obras más intensas y emocionalmente ricas.
La canción, con su ritmo ascendente, su bajo insistente y ese característico violín que irrumpe como una grieta luminosa, es una mezcla perfecta de caos y celebración. Es un canto a la supervivencia, a la confusión, a seguir adelante incluso cuando todo parece derrumbarse.
Porque James, más que ninguna otra banda del Manchester de los 90, siempre supo encontrar belleza en la imperfección.
"All messed up": la poética del desastre
El corazón de la canción está en su letra.
Tim Booth lanza frases que parecen anotaciones en un diario:
“I’ve been messing with my destiny
But I’m getting away with it.”
No es un himno de victoria.
No es una canción de derrota.
Es un retrato crudo y honesto del ser humano que intenta mantener la cabeza fuera del agua.
La filosofía de James siempre ha ido por ahí: mirar a los ojos al desastre sin perder la capacidad de bailar.
Y “Getting Away With It” lo hace con una energía que mezcla optimismo, ironía y un toque de caos emocional.
Una canción que creció con los años
Curiosamente, el tema no fue un megaéxito en listas—aunque entró en el Top 40 británico—pero con el tiempo se convirtió en un clásico del repertorio de James.
Hoy es:
-
uno de los momentos más esperados en sus conciertos,
-
una de las canciones más coreadas por el público,
-
un símbolo de identidad para la banda.
La interpretación en vivo suele desbordar energía: Booth baila con su estilo inconfundible, la banda alarga el final en un crescendo casi espiritual, y el público transforma el estribillo en un mantra colectivo.
Es el tipo de canción que creció al calor del directo, como tantas obras de James.
El espíritu James en estado puro
Si hay algo que distingue a James del resto de bandas de su generación es su capacidad para mezclar introspección, espiritualidad y un punto de locura liberadora.
“Getting Away With It” captura exactamente eso:
-
desorden,
-
belleza,
-
humanidad,
-
celebración de lo imperfecto.
Es, en cierto modo, la banda definiéndose a sí misma:
caótica pero luminosa, vulnerable pero intensa, siempre dispuesta a reinventarse.
Un himno que sigue vivo
Más de dos décadas después, “Getting Away With It (All Messed Up)” sigue sonando fresca. No envejece: evoluciona. Las nuevas generaciones la descubren y conectan con ella por la misma razón que lo hicieron los fans en 2001:
todos, en algún momento, sentimos que avanzamos como podemos, “all messed up”, pero seguimos adelante.
Y James nos recuerda que en eso también hay música.

.jpg)
Comentarios
Publicar un comentario