Hace unos días nos hicimos eco de uno de los discos de rock progresivo lanzados en este 2025. Este disco es Dominion del grupo IQ. En aquella ocasión visitamos el gran trabajo del tema inicial, “The Unknown Door” (más de 22 minutos), una suite monumental que ya se perfila como uno de los momentos más ambiciosos de la carrera de la banda.
Hoy nos vamos a adentrar en otro tema de este gran disco, concretamente en el tema de cierre, “Never Land”. Es cierto que los otros temas del álbum también llaman poderosamente la atención, pero este tema en particular me ha atrapado de una forma especial.
“Never Land” es una pieza que crece lentamente, que se va desarrollando sin prisas, como dictan los grandes temas del rock progresivo clásico. No busca el impacto inmediato, sino que construye atmósferas, genera expectación y deja al oyente en un estado de anticipación constante, preguntándose qué es lo que está por venir. Cada compás parece cuidadosamente colocado, dejando espacio para que la emoción respire.
Desde los primeros minutos, la voz grave y expresiva de Peter Nicholls se apodera del tema, flotando con elegancia sobre el bajo profundo y una capa envolvente de teclados que aporta una sensación casi etérea. Nicholls canta con una contención cargada de sentimiento, transmitiendo melancolía, pérdida y reflexión, como si cada palabra pesara más de lo que aparenta.
A medida que la canción avanza, la tensión va creciendo de forma sutil pero constante. Guitarras, teclados y sección rítmica se van entrelazando con precisión, preparando el terreno para ese momento que todo oyente de prog espera. Y entonces llega el clímax, ese punto en el que el tema se abre emocionalmente y libera toda la carga acumulada, confirmando que la espera ha valido la pena.
Si algo destaca especialmente de “Never Land”, es su final profundamente emotivo. Nicholls entona sus últimas líneas sobre una auténtica tormenta progresiva, donde la banda despliega toda su fuerza y sensibilidad. Es un cierre intenso, casi catártico, que desemboca en una última sección espacial, evocadora y expansiva, que deja una sensación de vacío y belleza al mismo tiempo.
Como tema final, “Never Land” funciona a la perfección, no solo cerrando el álbum, sino resumiendo su espíritu: madurez, emoción, paciencia y profundidad. Es una de esas canciones que no se agotan en la primera escucha, sino que crecen con cada regreso, reafirmando que Dominion es un disco hecho para ser escuchado con tiempo y atención.
Un cierre magistral para un álbum que confirma que IQ sigue siendo una referencia absoluta del rock progresivo contemporáneo.

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