Genesis – Selling England by the Pound (1973) y la grandeza de “The Cinema Show”
Cuando uno echa la vista atrás, es inevitable sentir una cierta sensación de vértigo al recordar la cantidad de obras maestras que el rock y el rock progresivo regalaron al mundo en apenas unos pocos años. Discos con los que hemos convivido con total naturalidad, sin ser del todo conscientes de que estábamos asistiendo a un estallido creativo irrepetible.
Basta con mencionar que 1973, año de publicación de Selling England by the Pound, vio también nacer The Dark Side of the Moon de Pink Floyd y Tubular Bells de Mike Oldfield —y eso citando solo dos de los títulos más universales— para comprender la magnitud del momento. Muchos más discos esenciales vieron la luz ese año, configurando una edad dorada del rock progresivo.
Hablar de Selling England by the Pound es hablar de Genesis en la cima absoluta de su trayectoria, de uno de los mejores discos de rock progresivo de todos los tiempos y de una banda que había alcanzado un equilibrio perfecto entre ambición artística, identidad y madurez compositiva.
Un disco profundamente ligado a su tiempo
Corría el año 1973 y el clima social en Gran Bretaña era tenso y complejo. El gobierno conservador se veía desbordado por los conflictos laborales liderados por los sindicatos, el IVA se había introducido en abril de ese mismo año, las tarjetas de crédito comenzaban a extenderse y la deuda nacional alcanzaba cifras preocupantes. Todo ello se agravaba con una crisis económica mundial que golpeaba con fuerza.
A este contexto se sumaba un sentimiento creciente de que lo británico estaba perdiendo valor o siendo relegado a un segundo plano. El Reino Unido se había incorporado ese mismo año al Mercado Común Europeo, y la sociedad debatía intensamente si esa integración suponía una pérdida de identidad nacional.
De esta inquietud nace Selling England by the Pound. El título, tomado del eslogan del manifiesto del Partido Laborista, encierra un juego de palabras cargado de ironía. La palabra “pound” resulta clave: la libra esterlina había sido devaluada un 14% en los mercados internacionales, algo que incluso el entonces primer ministro Harold Wilson trató de relativizar con una frase que se hizo célebre.
Genesis, que había sido acusado de abandonar su “britishness” para intentar conquistar el mercado estadounidense, respondió con sarcasmo. Peter Gabriel, lejos de esquivar la crítica, la convirtió en concepto, eligiendo un título que funcionaba como burla elegante y reivindicación cultural: “vender Inglaterra por una libra”.
“The Cinema Show”: once minutos de perfección
Dentro de un álbum excepcional, “The Cinema Show” destaca como una de las cumbres creativas del grupo. Una obra maestra condensada en apenas once minutos, que originalmente estaba pensada para enlazarse con “Dancing With the Moonlit Knight”. Finalmente, la banda decidió separarlas.
Steve Hackett lo explicaría años después con claridad:
“Si lo hubiéramos hecho, habría sido otro Supper’s Ready y podría no haber sobrevivido tan bien. Phil fue inflexible, y eso fue lo que lo puso en duda.”
Al igual que ocurre con “More Fool Me”, “The Cinema Show” introduce un contraste temático dentro del disco, centrándose en una dimensión más sentimental e íntima. Las letras se inspiran en The Waste Land de T.S. Eliot, aunque Peter Gabriel reconoció no estar del todo satisfecho con ellas, pese a destacar la brillante idea de reutilizar los personajes de Romeo y Julieta, fundiendo literatura clásica, mitología y modernidad.
Resulta curioso que Tony Stratton-Smith, fundador del sello Charisma, temiera que el tema se aproximara demasiado al estilo de Emerson, Lake & Palmer, algo que hoy resulta casi anecdótico, dado que la personalidad de Genesis termina imponiéndose de forma inconfundible.
Análisis musical
La primera parte de “The Cinema Show” es una balada delicada, casi infantil en su pureza, sostenida por la guitarra de doce cuerdas y un exquisito dúo vocal entre Peter Gabriel y Phil Collins. Los arpegios interminables evocan al minimalismo norteamericano, y la entrada de la flauta anticipa ideas que más tarde desarrollarían artistas como Mike Oldfield.
La segunda mitad del tema se transforma por completo. Aquí emerge uno de los momentos más icónicos de Genesis: el solo de sintetizador de Tony Banks, una lección magistral de cómo emocionar sin necesidad de virtuosismo excesivo. Banks demuestra que el impacto no está en tocar más rápido, sino en saber construir tensión, atmósfera y narrativa sonora.
El trabajo de Phil Collins a la batería aporta una base rítmica flexible, con momentos de tempo jazzístico, mientras Mike Rutherford y Steve Hackett sostienen una estructura en constante evolución. El resultado es una sección instrumental intensa, etérea y visionaria, donde Genesis define un sonido que se convertiría en marca de la casa.
Un legado inmortal
Selling England by the Pound no solo capturó el espíritu de una época, sino que lo trascendió. Su combinación de crítica social, literatura, mitología, virtuosismo y sensibilidad lo convierten en un disco atemporal, una referencia absoluta del rock progresivo.
Y “The Cinema Show”, con su delicadeza inicial y su apoteosis instrumental final, sigue siendo uno de los ejemplos más claros de hasta dónde podía llegar Genesis cuando todas las piezas encajaban. Un recordatorio de que, durante unos años irrepetibles, la música popular fue capaz de alcanzar cotas de ambición artística difíciles de igualar.


Comentarios
Publicar un comentario