Knopfler ha firmado más de una docena de scores cinematográficos, casi todos marcados por una economía expresiva y una melancolía contenida que los distingue de los grandes nombres hollywoodenses de la época. Dentro de ese corpus, la banda sonora de Cal, dirigida por Pat O’Connor y protagonizada por Helen Mirren y John Lynch, ocupa un lugar singular: es, posiblemente, su trabajo más íntimo y políticamente sensible.
La película se sitúa en Irlanda del Norte, en los años más duros del conflicto. Cal, un joven católico que trabaja como conductor para el IRA tras verse implicado en el asesinato de un policía protestante, vive atrapado entre la culpa, el amor imposible por la viuda del hombre muerto (Marcella, interpretada por Mirren) y la violencia cotidiana. El film evita el maniqueísmo y muestra un entorno moralmente devastado, un enfoque que Knopfler —por entonces en proceso de disolver Dire Straits tras Brothers in Arms— entendió de forma visceral: su madre era norirlandesa y él mismo pasó temporadas en Belfast durante su infancia.
La banda sonora es radicalmente minimalista: guitarra acústica y eléctrica (casi siempre su mítica Stratocaster roja), teclados sutiles de Guy Fletcher, percusión apenas sugerida y, en momentos puntuales, la flauta irlandesa de Liam O’Flynn (miembro de Planxty). No hay orquesta, ni coros, ni ese “folclore celta de postal” tan habitual en el cine de la época. Knopfler opta por la contención como gesto de respeto hacia el dolor real que impregna la historia.
The Long Road: anatomía de una obra maestra
La pieza central es “The Long Road”, el tema principal que aparece en distintas variaciones a lo largo del metraje y que cierra la película sobre un plano prolongado del paisaje norirlandés. Es una composición en Re mayor, con un delicado color modal entre lo lidio y lo dórico, lo que le da esa sensación de antigüedad sin caer en clichés de folk irlandés.
Interpretación emocional
En palabras del propio Knopfler (Guitar Player, 1987):
“Quería que la guitarra sonara como alguien que camina solo por una carretera al atardecer, sabiendo que no hay vuelta atrás pero que, aun así, sigue andando. No hay héroes ni villanos en esa música, solo personas rotas intentando seguir adelante.”
Cal fue su segunda banda sonora larga tras Local Hero (1983) y marca el inicio de una trilogía informal de scores británicos/isleños, junto a Local Hero y The Princess Bride (1987). Comparten la misma filosofía: la música no subraya, acompaña; no dramatiza, evoca. Pero mientras Local Hero brilla con un tono pastoral y The Princess Bride juega con la ironía del cuento, Cal es pura sombra. Es la única ocasión en la que Knopfler compone desde la perspectiva de alguien que podría haber sido tanto víctima como verdugo, según el lado de la carretera donde hubiera nacido.
“The Long Road” se convirtió en una de sus piezas instrumentales más interpretadas (Chet Atkins, Tommy Emmanuel, y el propio Knopfler en giras desde 1996). En Screenplaying (1993), donde recopiló sus primeros cuatro scores, regrabó el tema en una versión aún más desnuda: solo una National resonator acústica y un leve eco de sala. Para muchos, esa es la versión definitiva.
Hoy, casi cuarenta años después, “The Long Road” sigue siendo una de las cumbres de la guitarra expresiva del siglo XX: una melodía que no necesita palabras para narrar la historia de un conflicto aún no del todo cerrado. Demuestra que la verdadera empatía musical no surge de grandes gestos, sino de la valentía de callar cuando las palabras fallan.
Si solo conoces a Knopfler por “Sultans of Swing” o “Money for Nothing”, hazte un favor: ponte unos auriculares, busca la banda sonora original de Cal (Virgin Records, 1984) y escucha “The Long Road” en la oscuridad. Es una de esas piezas que te cambian la forma de entender lo que una guitarra puede decir sobre la condición humana.
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