Close to the Edge – Yes (1972) - Close to the Edge - Siberian Khatru

 


        


🎵 Close to the Edge – Yes (1972)

Hay discos que definen no solo una época, sino una forma de entender la música. Close to the Edge, lanzado en 1972 por Yes, es una de esas cimas sonoras que parecen desafiar el paso del tiempo. Tres composiciones, cuarenta minutos de música, y una ambición que pocas veces se ha vuelto a alcanzar.

 Close to the Edge, fue para mí uno de esos descubrimientos decisivos. Me marcó profundamente y me mostró un camino claro: el del rock progresivo, con su ambición artística, su libertad estructural y su profundidad emocional. No me arrepiento en absoluto de haber elegido esa senda, pues gracias a ella he podido disfrutar de joyas como esta: una obra excelsa, atemporal y siempre reveladora.

Progresivo en el sentido más profundo de la palabra, este álbum lleva al oyente a una travesía espiritual, técnica y emocional. La banda, formada por Jon Anderson, Steve Howe, Rick Wakeman, Chris Squire y Bill Bruford, logra un equilibrio mágico entre la complejidad compositiva y la emoción pura. Cada sección fluye como un río que atraviesa diversos paisajes: del vértigo al sosiego, del caos al orden.

La producción es cristalina, casi etérea, y cada instrumento encuentra su lugar como si fuera parte de un organismo vivo. Close to the Edge no es solo un disco: es un portal a otra dimensión musical. Un clásico absoluto del rock sinfónico, y posiblemente la obra maestra definitiva de Yes.

🎼 Close to the Edge – la canción

La pieza que da título al disco es una de las composiciones más monumentales del rock sinfónico. Dividida en cuatro movimientos – The Solid Time of Change, Total Mass Retain, I Get Up I Get Down y Seasons of Man – la canción es una epopeya sonora que parte del caos y llega a la trascendencia.

Desde su inicio con un torbellino instrumental lleno de disonancias y tensión controlada, hasta su final sereno con un arpegio de guitarra que se disuelve en la eternidad, todo está cuidadosamente estructurado. Las letras, inspiradas en Siddhartha de Hermann Hesse, abren la puerta a la introspección y la transformación interior. Es una búsqueda espiritual vestida de música.

Rick Wakeman deslumbra con sus pasajes de órgano y sintetizador, Steve Howe construye paisajes melódicos tan complejos como bellos, y la voz de Jon Anderson guía al oyente como un chamán que conoce el camino. Al terminar los casi 19 minutos de la pieza, uno no puede más que quedarse en silencio, con la sensación de haber presenciado algo único.

Close To The Edge estableció una regla no escrita de incluir una canción épica de larga duración ocupando una cara entera del disco  en albumes posteriores .


         

🎶 Siberian Khatru: la energía que renueva

Después del viaje espiritual e introspectivo de Close to the Edge y la belleza etérea de And You and I, el disco cierra con Siberian Khatru, una composición que aporta vitalidad, ritmo y tensión contenida, sin abandonar en ningún momento la complejidad formal del álbum.

Aunque aparentemente más directa, Siberian Khatru es una pieza intrincada, rica en capas melódicas y armónicas, en la que Yes demuestra su capacidad de mantener el virtuosismo sin sacrificar el dinamismo. Aquí, la banda utiliza la repetición como recurso expresivo: frases de dos palabras se suceden sin cesar como mantras modernos, y los riffs de guitarra de Steve Howe se reiteran y transforman, generando una sensación hipnótica y tribal.

En este tema también reaparecen las ideas cíclicas y de renovación que atraviesan todo el disco. Si en Close to the Edge el agua fluye para abrir y cerrar el viaje, en Siberian Khatru es el pulso rítmico, casi ceremonial, el que nos devuelve a la tierra, como si despertáramos tras una larga visión.


Close to the Edge no es solo un disco. Es una experiencia. Cada escucha revela nuevos matices, nuevas conexiones, nuevas preguntas. Y como toda obra maestra, no envejece: se transforma con nosotros. Como toda gran creación artística, no se desgasta con el tiempo, sino que evoluciona junto a nosotros. En mi caso, fue la puerta de entrada a un universo sonoro que nunca ha dejado de asombrarme. A día de hoy, cuando necesito desconectarme del ruido del mundo, vuelvo a él. Abro el vinilo, contemplo su portada desplegable, y en cuanto su música empieza a sonar, me veo transportado a paisajes interiores que reconozco como míos. Y entonces, lo sé: he vuelto a casa.





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