Clepsydra y The Missing Spark: Un Viaje al Corazón del Neo-Prog Suizo



            



🎶 Clepsydra y The Missing Spark: Un Viaje al Corazón del Neo-Prog Suizo 🎶

En el inmenso universo del rock progresivo, hay constelaciones brillantes que todos conocen, como Genesis, Yes o Marillion. Pero también hay cuerpos celestes más discretos, casi secretos, que sólo algunos descubren tras años de exploración musical. Clepsydra es uno de esos astros escondidos. Una banda suiza nacida en los años 90, que lejos de los focos del mainstream, construyó un universo sonoro propio, lleno de melancolía, atmósferas intensas y emociones sinceras.

Descubrir a Clepsydra es como encontrar un diario íntimo olvidado en un desván. Uno escrito con acordes, silencios y versos que no temen hablar del miedo, la pérdida o la búsqueda de sentido.

⏳ Clepsydra: el tiempo como música

El nombre de la banda proviene de la palabra griega "clepsydra", un antiguo reloj de agua que medía el tiempo a través del fluir de un líquido. Una metáfora perfecta para describir su música: fluida, inevitable, serena a veces, tormentosa otras.

Formados en 1991, Clepsydra estaba integrado originalmente por Aluisio Maggini (voz), Lele Hofmann (guitarras), Andy Thommen (bajo), Philip Hubert (teclados) y Pablo Padovani (batería). Juntos crearon una alquimia sonora que bebía del legado de bandas como IQ o Pendragon, pero siempre con una sensibilidad muy personal, profundamente europea y emocionalmente sincera.

🔥 Fear (1994): cuando el miedo se vuelve arte

El segundo álbum de Clepsydra, Fear, es quizás su obra más representativa. No es un disco conceptual en el sentido estricto, pero tiene una cohesión emocional sorprendente. Cada canción parece parte de un mapa interior, una cartografía del alma en momentos de crisis o incertidumbre.

Lejos del exhibicionismo instrumental que a veces asoma en el prog, Fear prioriza la emoción, la belleza melódica y una narrativa sutil. No es un álbum que se imponga con fuerza: se desliza, como el agua en la clepsidra, y poco a poco lo inunda todo.

🎵 The Missing Spark: el eco de una chispa que alguna vez ardió

Dentro de Fear, hay una canción que brilla con una luz tenue pero persistente: The Missing Spark. Su título ya sugiere una ausencia, una pérdida, una nostalgia que no duele a gritos, sino en susurros. Desde los primeros segundos, con esos teclados envolventes de Philip Hubert, uno siente que está entrando en un terreno íntimo, casi sagrado.

La guitarra de Lele Hofmann, siempre elegante y emocional, aparece como una voz adicional, comentando lo que la letra sugiere, llorando donde las palabras callan. La voz de Aluisio Maggini —dulce y quebrada al mismo tiempo— canta:

"Where is the spark that once lit my soul?
Lost in the shadows, out of control..."

No hace falta explicar demasiado: todos hemos pasado por ese momento en que sentimos que algo se ha apagado en nuestro interior. La chispa de la creatividad, del amor, de la fe en uno mismo. Y lo que hace grande a The Missing Spark es su capacidad para hablar de ese vacío sin grandilocuencias. No hay dramatismo exagerado, solo una aceptación melancólica y hermosa de la fragilidad humana.

Musicalmente, la canción se mueve como una marea: comienza con una calma hipnótica, te arrulla con un pulso suave, y luego crece, se expande, hasta alcanzar momentos de verdadera catarsis emocional. Es una de esas piezas que, sin ser épica en duración, consigue recorrer un arco emocional completo. Al terminar, uno siente que ha vivido algo, que ha acompañado a alguien en su dolor… y que, tal vez, también ha comprendido mejor el propio.

🌌 ¿Por qué Clepsydra merece ser escuchada hoy?

En una escena progresiva muchas veces dominada por la técnica o la espectacularidad, Clepsydra ofrece un refugio distinto: el de la emoción contenida, la melodía que susurra, la poesía en forma de canción. No buscan deslumbrar con solos interminables, sino acompañarte en un viaje interior.

Y Fear, con The Missing Spark como una de sus joyas más delicadas, es un disco que resiste el paso del tiempo. Su producción sigue sonando cálida y cercana, su lirismo no ha envejecido ni un ápice, y su mensaje —el miedo a perder lo que alguna vez nos hizo brillar— sigue siendo tan vigente como en los años 90.

Escuchar a Clepsydra es, en cierto modo, detener el tiempo. Permitir que el alma respire en medio del ruido. Redescubrir que la chispa, aunque parezca perdida, puede seguir ardiendo en lo más profundo.



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