Black Sabbath, Ozzy y la división del trono: nacimiento, ruptura y renacimiento del metal



           



Black Sabbath, Ozzy y la división del trono: nacimiento, ruptura y renacimiento del metal

La historia de Black Sabbath no es solo la crónica de una banda pionera del heavy metal. Es también la historia de una ruptura, de un renacer, de una lucha familiar y de una rivalidad que, lejos de destruir, dio origen a dos leyendas paralelas. Todo comenzó con un disco oscuro como la noche, y terminó con dos caminos que reescribieron las reglas del metal para siempre.

1970: El sonido de la tormenta

El 13 de febrero de 1970, en pleno invierno británico, apareció un álbum que cambiaría la historia de la música: Black Sabbath. Desde sus primeros truenos, campanas funerarias y tritonos infernales, aquel disco fundacional inauguró una nueva era. Tony Iommi en la guitarra, Geezer Butler en el bajo, Bill Ward en la batería y Ozzy Osbourne como voz espectral y perturbadora. Había nacido el heavy metal.

Canciones como “Black Sabbath”, “The Wizard” o “N.I.B.” no eran solo música: eran invocaciones. Frente al optimismo hippie de la época, Sabbath ofrecía una visión cruda, oscura, real. Y Ozzy, con su tono nasal y su mirada perdida, encarnaba a la perfección al nuevo anti-héroe del rock.

Los excesos, la caída y la separación

Pero el éxito no vino sin consecuencias. A lo largo de los 70, Sabbath se convirtió en un ícono global… y también en un campo de batalla. Drogas, tensiones internas, descontrol en las giras. En el centro del caos, Ozzy, cada vez más perdido en su mundo de excesos, terminó por convertirse en un obstáculo para la banda.

En 1979, tras intentos fallidos de recuperación, los demás miembros tomaron una decisión dolorosa: despedir a Ozzy Osbourne. Era el fin de una era. Ozzy, completamente hundido, se encerró en un hotel, convencido de que su carrera había terminado.

          

Sharon: La mujer que reconstruyó una leyenda

Y entonces apareció ella: Sharon Arden, hija de Don Arden, el polémico mánager de Black Sabbath. Sharon no solo creyó en Ozzy: lo rescató. Contra todo pronóstico, lo ayudó a formar una nueva banda, con músicos como Randy Rhoads, y en 1980 lanzaron Blizzard of Ozz, un disco que no solo fue un éxito: fue un renacimiento.

Ozzy no solo volvió. Volvió más grande, más libre, más él mismo. Con Sharon como su mánager —y pronto su esposa— construyeron un imperio solista que lo convirtió en leyenda viva del metal. La carrera de Ozzy ya no estaba en manos de su suegro, Don Arden, sino en manos de su hija, en una jugada que desató una fuerte rivalidad familiar entre Sharon y su padre.

Black Sabbath con Dio: la otra resurrección

Mientras tanto, Sabbath no se detuvo. En lugar de mirar atrás, miraron hacia el firmamento. Reclutaron a Ronnie James Dio, exvocalista de Rainbow, y con él crearon Heaven and Hell (1980), un disco brillante, poderoso, con un sonido más épico y lírico. Dio no era Ozzy —ni intentaba serlo—, pero aportó nueva energía, letras místicas y una voz que parecía invocar dioses antiguos.

Black Sabbath demostró que podía sobrevivir sin su voz original, mientras Ozzy demostraba que podía brillar sin su banda madre. Dos caminos separados, dos visiones distintas del metal… ambas exitosas, ambas esenciales.

Un legado doble, una historia indivisible

Hoy, cuando miramos atrás, vemos que esa ruptura en 1979 fue mucho más que una separación. Fue una bifurcación creativa que dio lugar a dos vertientes del mismo río: el Ozzy solista, impredecible y carismático, y el Sabbath renovado, con Dio y su fantasía oscura. Entre ambos se tejió gran parte del ADN del metal moderno.

Las cicatrices quedaron, pero también la música. Y si el metal es, en esencia, resistencia, transformación y potencia, no hay mejor ejemplo que esta historia.


Black Sabbath y Ozzy Osbourne: juntos crearon el sonido del trueno. Separados, conquistaron los cielos por caminos distintos. El metal, desde entonces, nunca volvió a ser el mismo.




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