Publicado en noviembre de 2016, el disco es una inmersión en la desesperanza, el amor, el dolor y la lucidez. No hay concesiones: la belleza en Destrozares es dura, cruda, a veces incómoda, pero siempre auténtica. Musicalmente, se desplaza con naturalidad entre el rock, el folk, la música de cámara y ciertos toques de jazz, rompiendo etiquetas y géneros con la misma facilidad con la que Robe rompe esquemas líricos.
Un título que es declaración de intenciones
"Destrozares" no figura en el diccionario, pero su significado se intuye desde el primer momento: el acto de romperse por dentro, de mirar de frente al abismo y cantar desde ahí. Y el subtítulo, Canciones para el final de los tiempos, refuerza esa sensación de urgencia emocional, de palabras dichas como si no hubiese mañana.
"Hoy al mundo renuncio": puerta de entrada a la derrota y la dignidad
El disco se abre con “Hoy al mundo renuncio”, una canción que funciona como un manifiesto. Desde el primer verso, Robe se planta ante el oyente y lanza una renuncia radical al mundo que le rodea, un mundo que ya no reconoce, que ya no lo contiene.
La melodía, casi marchosa en su ritmo inicial, contrasta con la carga lírica de una letra que habla de hastío, de agotamiento existencial, pero también de la dignidad de quien decide marcharse por sí mismo, sin pedir permiso.
Pero hoy al mundo renuncio
Juro que hoy al mundo renuncio
Es la voz de alguien que ha cruzado demasiadas puertas, y ahora se encierra en sí mismo no para huir, sino para resistir desde la introspección. Un inicio contundente para un disco que no pretende entretener, sino sacudir.
"La canción más triste": un testamento emocional
Hacia el final del álbum, llega “La canción más triste”, una de las piezas más conmovedoras y confesionales de toda la carrera de Robe. Con un acompañamiento delicado, casi fantasmal, la voz rota del extremeño se convierte en un susurro desesperado, en un poema confesional que sangra por cada verso.
He llorado tanto
¡Y he llorado tan adentro!
He llorado tanto, tanto
Que he apagado hasta el infierno
La canción parece escrita desde la última habitación del alma, donde sólo queda memoria, pérdida y silencio. El violín y el piano envuelven la voz con una tristeza serena, profunda, sin dramatismos innecesarios. Robe no canta aquí para impactar, sino para sobrevivir a lo que siente.
Un disco que no se rinde al mercado
Destrozares no es un álbum fácil. No busca hits, ni concesiones. Es una obra de resistencia artística, emocional y humana, con letras que actúan como cuchillas de precisión poética. Robe se aleja del ruido del mundo y nos invita a un lugar donde las emociones no se gritan: se susurran, se escriben con fuego lento.
Canciones como “Donde se rompen las olas”, “Por encima del bien y del mal” o “Destrozares” completan este mapa emocional donde cada tema es una pieza del derrumbe, pero también del renacer.
Conclusión
Destrozares. Canciones para el final de los tiempos es una joya áspera, incómoda y necesaria. Robe Iniesta se reinventa como un trovador del fin de los días, sin máscaras ni adornos. Es el testimonio de un artista que no teme mostrarse vulnerable, roto y lúcido. Un disco que no acompaña: confronta. Y por eso, deja huella.
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