Del Suo Veloce Volo: El Valor de la Autenticidad y la Magia del Encuentro
Hace falta mucho coraje para reunir en un mismo escenario a dos artistas tan diferentes como Franco Battiato y Antony Hegarty (hoy Anohni). Uno, un intelectual místico del Mediterráneo, símbolo de la vanguardia italiana; el otro, una voz quebrada y celestial que viene del underground neoyorquino, portadora de un alma herida y luminosa. Y sin embargo, ocurrió. Contra todo pronóstico, nació Del Suo Veloce Volo, un disco que no solo es un evento musical, sino también un acto de respeto mutuo, autenticidad y fe en el arte como lenguaje universal.
Lo más extraordinario de este proyecto es precisamente eso: cómo dos músicos con públicos y mundos aparentemente irreconciliables se unen sin traicionarse. Aquí no hay impostura ni marketing, sino un entendimiento profundo entre dos sensibilidades únicas. Battiato no busca suavizar su discurso filosófico, ni Antony abandona su intensidad emocional. Se encuentran, simplemente, en un punto intermedio donde ambas almas brillan sin opacarse.
La Química de lo Improbable
La química entre ellos es palpable y empapa todo el disco. Desde el punto de vista artístico, Del Suo Veloce Volo es una obra brillante: una orquesta sinfónica y una banda de rock cohabitando con fluidez, una selección de temas impecable, arreglos cuidados hasta el detalle, interpretaciones que rasgan el alma, y una producción exquisita. Todo al servicio de dos artistas que se entienden, se escuchan, y se respetan.
El álbum no es una mezcla homogénea: se estructura, a grandes rasgos, en dos mitades. La primera, dominada por Antony, es un despliegue de emoción pura. Arranca con una sobrecogedora adaptación de Cripple and the Starfish, donde su voz ambigua y conmovedora se abraza a unos arreglos orquestales de belleza dramática. Luego vienen las versiones de You Know Who I Am (Leonard Cohen) y Crazy in Love (Beyoncé), esta última ya un clásico de sus directos, reinterpretada como una súplica desgarradora.
El Turno de Battiato
En la segunda mitad, el protagonismo pasa a Battiato, que aparece acompañado por Alice, la vocalista italiana con quien ha compartido tantos caminos musicales. Juntos, abordan piezas esenciales de su repertorio con una elegancia que emociona, como La Cura, E Ti Vengo a Cercare o Il Re del Mondo.
Pero es en los dúos donde surge la verdadera alquimia. En You Are My Sister, Battiato entra como un susurro para convertirse en el “hermanito” de Antony, en un momento que corta la respiración y que reemplaza con dignidad y calidez la parte de Boy George en la grabación original. Es una joya íntima que justifica todo el proyecto.
“Del Suo Veloce Volo”: Un Vuelo Compartido
La canción homónima, Del Suo Veloce Volo, es quizás el momento más simbólico del disco. Compuesta por Battiato pensando en Antony, y cantada a dúo por ambos, es un himno a la delicadeza, a lo efímero, a ese instante de comunión donde dos mundos tan distintos se entrelazan con una suavidad casi milagrosa. La voz quebrada de Antony y la voz serena de Battiato se alternan y se funden sobre un lecho orquestal que respira con cada nota. El resultado es una pieza hipnótica, de esas que parecen detener el tiempo.
Conclusión: Un Disco que Nos Eleva
Del Suo Veloce Volo no es solo un disco: es una declaración de principios. Es la prueba de que la autenticidad y el respeto son más poderosos que las diferencias de estilo, idioma o procedencia. Que la música, cuando es verdadera, puede reunir a dos almas aparentemente opuestas y hacerlas volar juntas.
Este álbum es un testimonio de valentía artística, de sensibilidad, y de belleza compartida. Y, como todo lo que vale la pena, es un disco al que se vuelve una y otra vez. Porque en él encontramos no solo música, sino una forma de estar en el mundo. Una forma más luminosa, más humana.
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