Enrique Bunbury – Cuentas Pendientes (2025)
El artista zaragozano vuelve a sorprendernos con un giro sonoro inesperado y profundamente sentido. Con Cuentas Pendientes, Bunbury entrega uno de los discos más íntimos y despojados de artificios de toda su carrera reciente, dejando de lado la experimentación electrónica y abrazando las raíces de la música hispana y latinoamericana.
En palabras del propio Bunbury:
"Cuando me preguntan qué lugar ocupa este nuevo álbum, Cuentas Pendientes, en mi discografía, en mi cabeza se produce un cortocircuito. Es un puzle difícil de resolver todavía..."
Estas palabras marcan el tono de un álbum que no busca certezas inmediatas, sino que se ofrece como una obra que irá encontrando su sitio con el tiempo.
Después de una etapa dominada por discos como Palosanto, Expectativas, Posible y Curso de Levitación Intensivo (2013–2020), donde exploraba la tecnología digital, sintetizadores y herramientas como el Pro Tools como instrumentos en sí, Bunbury opta ahora por un enfoque completamente distinto. Si ya en Greta Garbo veíamos un primer paso hacia esta transición, en Cuentas Pendientes la apuesta es clara por la grabación austera, el calor del instrumento acústico y la interpretación emocional del músico.
Este disco no es de rock. No hay electrónica. Aquí, el alma del álbum reposa en el piano, la guitarra española, el contrabajo y la percusión. Como él mismo reconoce, hay que retroceder hasta Licenciado Cantinas o incluso a Pequeño, Flamingos o El Viaje a Ninguna Parte para encontrar un parentesco musical, aunque en esta ocasión sin el mestizaje delirante ni la óptica del rock.
La producción, realizada nuevamente en El Desierto Casa/Estudio, destaca por su cuidado en el arreglo y la elección de músicos:
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Sebastián Aracena, guitarrista chileno de profunda sensibilidad.
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Luri Molina, contrabajista con alma de los clubes de latin jazz de México.
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Johnny Molina, percusionista cubano que aporta matices caribeños.
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Jorge Rebenaque, al piano y al Hammond, deslumbra con registros nuevos.
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Ramón Gacías, coproductor y baterista, aparece con medida y elegancia.
En el plano lírico, Bunbury busca un equilibrio delicado:
"Los textos del álbum se debaten entre lo popular y lo literario, buscando un equilibrio complicado que espero haber encontrado."
Y se cuestiona con humildad si realmente se puede aportar algo nuevo a géneros tan visitados por grandes maestros. Su esperanza:
"...que mi personalidad como autor e intérprete se entrevea lo suficiente para que, aunque sea un disco con vocación hispana y latina, sea, claramente, un disco de Bunbury."
Cuentas Pendientes es un álbum que reivindica la pausa, la raíz, el calor humano de lo acústico. Un trabajo para escuchar con atención, sin distracciones, donde cada nota y cada verso parecen estar puestos con una intención profunda. Más que un regreso a las raíces, es una exploración sincera del presente desde la madurez de un artista que no teme despojarse para mostrar lo esencial.
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